La feligresía católica se encuentra de luto tras el fallecimiento del padre Lucio Amaya, quien dejó un legado imborrable de servicio, solidaridad y entrega entre la comunidad.
De acuerdo con los reportes, el presbítero murió en un hospital de Siguatepeque, Comayagua, luego de permanecer hospitalizado varios días a consecuencia de padecimientos de salud.
Vocación de fe y servicio
El padre Amaya era originario de Agua Zarca, Camasca, Intibucá. Su vocación lo llevó a muchos lugares, donde compartió la buena nueva de Dios con muchas personas y además llevó gestos de solidaridad.

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A través de sus redes sociales, la Diócesis de Gracias, Lempira, donde sirvió por años, agradeció su vida sacerdotal, entrega a la iglesia católica y el testimonio de fe entre el pueblo de Dios.
Un cáncer silencioso
El licenciado Manuel Gutiérrez, compartió con medios de comunicación en Gracias, Lempira, que al parecer el padre Amaya tenía cáncer, nada más que fue silencioso y fue hasta hace poco que se lo diagnosticaron.
"Él era un hombre muy activo, megadinámico. Estuvo sentadito por una fractura que tuvo en la pelvis después de un accidente que sufrió antes de la Semana Santa. Luego salió la noticia que había sufrido una crisis de diabetes, pedí oración, fue mejorando. La semana pasada celebró la eucaristía sentado", explicó.
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El padre Lucio Amaya estaba con su madre
Gutiérrez explicó que el padre estaba en Siguatepeque con su señora madre, y además recibía terapias de rehabilitación por las lesiones derivadas del accidente que sufrió hace varios meses en La Virtud, Lempira.

"Hace una semana se fue desmejorando, lo llevaron a una clínica y lo que me han informado a mí, que me agarró de sorpresa, es que tenía un cáncer ya pasado y sin síntomas", añadió.
Lamentan su muerte
A través de sus redes sociales, las personas que conocieron al padre Lucio Amaya dejaron comentarios llenos de pesar, entre ellos:
"El padre Lucio nos apoyó en la gestion para la pavimentacion de la calle del sureste de Lempira".
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"Qué triste noticia para nosotros que lo tuvimos en nuestra parroquia San Andrés".

"Un excelente sacerdote, entregado, con humildad y amor al servicio de Dios y de la Iglesia. Sentimos profundamente su partida. Que descanse en la paz eterna. En lo personal nos deja muchos recuerdos que siempre llevaremos en el corazón".
"Descanse en paz. Dios, mi respeto para él; fue un sacerdote especial y carismático. Lo recordaré siempre por su legado y entrega. Lo extrañaremos quienes lo conocimos".
Los restos mortales del padre fueron trasladados hasta su natal Agua Zarca, Camasca, Intibucá, donde religiosos y feligreses católicos le rindieron homenaje. Este jueves será su sepelio.
