Desde este día quedaron abiertas las puertas para el desarrollo de la campaña proselitista que culminará el 30 de noviembre, cuando más de seis millones de hondureños acudiremos a las urnas.
No cabe duda que los comicios de este año son un desafío de los ciudadanos para salvar la democracia y preservar la legítima alternancia en el poder.
Muchas veces se nos ha advertido que nuestra institucionalidad electoral y democrática está en peligro y es cierto. Esta afirmación tiene fundamento, porque nuestros políticos aún no logran entender que no deben buscar el poder solamente para servirse a ellos mismos.
Una campaña limpia, no de descrédito
Como acertada y sabiamente lo han afirmado los líderes religiosos más reputados del país, es condenable el fin que persiguen quienes pretenden llegar al poder a toda costa, aunque sea por medio de la mentira, el robo y la defraudación.
Los hondureños llegamos a estas justas después de unas accidentadas elecciones primarias que grupos oscuros trataron de boicotear y de hacer que fracasaran.
Ahora que se ha abierto la arena para los aspirantes a la Presidencia, a los cargos municipales, a las diputaciones del Congreso Nacional y a las plazas en el Parlamento Centroamericano (Parlacen), los hondureños debemos tomarles el pulso y pedirles cuentas claras.
Tenemos que desafiar a los políticos a que se comprometan con Honduras. Los hombres y mujeres que aspiramos a un país donde prevalezcan la justicia y la transparencia, debemos evaluar el perfil de cada candidato y depositar nuestro voto de confianza para los mejor calificados; esto es, los que tengan una hoja limpia de vida pública.
Repudiamos a aquellos políticos que menosprecian la inteligencia del pueblo, a burlarse de la dignidad de los hondureños y a quienes tienen por costumbre echar mano de fondos públicos para comprar votos.
Rechazamos con fuerza a esos personajes oscuros y malignos que acostumbran “serpentear” en las cúpulas de influencia para alcanzar el poder por medio del mal.
Demandamos a los aspirantes a dirigir a este país, indistintamente de su signo político, a que desarrollen un debate de altura, una campaña de propuestas y que presenten una minuta de acciones limpia, no de descalificaciones ni de mentiras viles.
Los hondureños hemos llegado al hartazgo de esos líderes que se volvieron “politiqueros”, “populistas” y traficantes de la voluntad de la mayoría.
Es momento de allanar el camino hacia un plan de desarrollo, de construir una visión de país y de impulsar la transparencia, la rendición de cuentas y la depuración de nuestro sistema político.
Éstas son las condiciones para alcanzar la equidad y el bienestar general, en tiempos de enormes dificultades y de retos gigantescos como los que encaramos los hondureños.
¡Que nuestro voto cuente en las urnas este 30 de noviembre!
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