La comunidad de Murcia, España, está conmocionada por el asesinato de Felipe Hernández, un comerciante de 64 años, a manos de su propio hijo mayor.
El violento ataque ocurrió en el negocio de venta de ropa de la víctima y quedó registrado en las cámaras de seguridad del establecimiento.
En las imágenes se observa cómo el agresor, acompañado de su hermana menor, llega al local. El hijo mayor se dirige a una habitación y, sin mediar palabra, golpea a su padre con puños y patadas. Felipe cae al suelo ensangrentado mientras los atacantes se retiran.
Gravemente herido, el comerciante fue auxiliado por una vecina. Antes de ser trasladado al hospital, pronunció sus últimas palabras: “Mis hijos me han pegado”.
Minutos después, falleció debido a la gravedad de las lesiones.
Un historial de violencia familiar
Según relató José Hernández, hermano de la víctima, Felipe sufría violencia constante por parte de su esposa e hijos.
“La esposa de mi hermano sembró odio y rencor en ellos, asegurando que su madre sufría por abandono. Mi hermano les dio todo lo que tenía, solo quería que le dejaran en paz”, afirmó.
Doce años atrás, Felipe transfirió gran parte de su patrimonio a su esposa e hijos y se fue a vivir con su nueva pareja. Sin embargo, sus hijos nunca lo perdonaron.
El comerciante estaba próximo a cumplir 65 años y planeaba retirarse del negocio, que había heredado de su padre.
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En España, el parricidio no se tipifica como delito independiente, sino como asesinato con la agravante de parentesco, según el artículo 139 del Código Penal.
La pena oscila entre 15 y 25 años de prisión, y puede llegar a prisión permanente revisable si concurren circunstancias como ensañamiento o alevosía.
El caso ha despertado indignación y dolor en la comunidad, que exige justicia para Felipe Hernández.
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