La presión que ejerce la masa salarial es asfixiante. El inmoderado gasto en los sueldos y salarios de los empleados y funcionarios públicos es una bofetada para el pueblo en la actual coyuntura por la que atravesamos los hondureños.

Tenemos una “burocracia inflada” que nos impide mantener el equilibrio en las finanzas, orientar nuestros recursos hacia las necesidades de corte social y garantizar la salud de la macroeconomía.

Además de ser el país menos próspero y más pobre de la región, Honduras carga con una densa población de empleados y funcionarios públicos que representa el ocho por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), y la cuarta parte de los ingresos tributarios.

El presupuesto para cubrir la masa salarial se elevó en cinco mil millones de lempiras en el reciente período y el aparato estatal se ha expandido en al menos diez por ciento.  ¡Qué infame derroche!

En otros países están en marcha acciones dirigidas a adelgazar la población burocrática. En El Salvador se inició un ajuste fiscal que consiste en bajar el gasto público en 3.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), que conducirá a un recorte de empleados públicos.

Burocracia 'inflada' en Honduras

Y en Estados Unidos, comenzó el despido de 1,300 empleados del Departamento de Estado, en el contexto de un programa de pago a 150,000 funcionarios para que se acojan al retiro voluntario y, por esta vía, darle sustento al adelgazamiento de la “burocracia inflada”.

¿Acaso no es cuestionable que siga siendo alimentada una burocracia estéril, ineficiente y parasitaria?

Las demandas de los grupos vulnerables no son escuchadas porque nunca hay fondos suficientes para ese cometido, pero Sí hay recursos para ser entregados a manos llenas a más de 200 mil servidores gubernamentales haraganes, acomodados y, en su gran mayoría, de pobres resultados por gestión.

Estos desajustes tendrían que llegar a su fin, más cuando nuestra economía está en decadencia y nuestra malla social está hecha pedazos. Sólo en los últimos diez años, se ha destinado una cifra estratosférica superior a 500 mil millones de lempiras para mantener la obesa empleomanía nuestra.

Uno de los compromisos asumidos por las autoridades de turno y por las anteriores administraciones es la revisión de la partida de los gastos por servicios personales, en términos de hacer eficiente el engranaje estatal, volver racional el gasto público y obtener un gobierno pequeño, alineado con unas finanzas en orden y un nuevo modelo de la gestión pública.

Han sido puras propuestas mentirosas, compromisos falsos e intentos fallidos de reducir el peso de la burocracia y de alcanzar el mínimo grado de diligencia en el servicio gubernamental.

Los hondureños ya no podemos soportar la carga de los parásitos burócratas que por desgracia están enclavados en la administración pública. Hay que intervenir la “burocracia inflada”.

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