Dos mil veinticinco concluirá con un gasto de cercano a los 112,000 millones de lempiras en el pago de sueldos y salarios y el año entrante tendrá un comportamiento similar debido a la burocracia pesada y finanzas maltrechas.
El proyecto del Presupuesto de la República que ha sido remitido por el Poder Ejecutivo contempla el 25 por ciento de su monto, más de 117,000 millones de lempiras para la entrega de sus remuneraciones a los burócratas.
Una relación de estos datos nos permite establecer que el sostenimiento de la masa salarial nos resultará caro a los hondureños en 2026, porque los servidores públicos se llevarán 5,600 millones de lempiras más en comparación con el gasto que han causado este año.
El Gobierno del Poder Popular ha seguido alimentando una burocracia estéril, ineficiente y parasitaria; en contraste, tenemos seis de cada diez hondureños que viven en la pobreza, un precario sistema de educación y salud y una red de corrupción que carcome nuestras instituciones.
Lo que es inaceptable es que las necesidades de los hondureños se hayan agravado y que, en cambio, se derramen abundantes recursos para avivar una estructura estatal totalmente improductiva que marca el ocho por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), y cincuenta centavos de cada lempira que es pagado en tributos.
Burocracia pesada y finanzas maltrechas
¿Cómo es que no hay fondos disponibles para los sectores salud, educación, seguridad e infraestructura, pero sí existen recursos para entregarlos a manos llenas a unos 270,000 servidores gubernamentales haraganes, acomodados y de pobres resultados por gestión, en su gran mayoría?
Honduras debe caminar hacia la construcción de un eficiente engranaje estatal, un racional gasto público, un Gobierno pequeño, unas finanzas en orden y un nuevo modelo de la gestión pública.
El Gobierno de la Refundación, como las administraciones pasadas, han presentado propuestas mentirosas, ha tomado compromisos falsos y hecho intentos fallidos de aliviar el peso de la burocracia para que el servicio de los funcionarios públicos sea diligente.
Somos un país empobrecido, señalado por la corrupción y la impunidad; encima de eso, martirizado por un aparato gubernamental ocioso, compuesto por más de 200,000 burócratas, en su mayoría personajes “oportunistas del poder”.
Estos vicios tendrían que llegar a su fin, más cuando nuestra economía está en decadencia y nuestra malla social se encuentra debilitada.
Honduras ya no puede tener encima una obesa burocracia, tampoco una carga de parásitos que medran en la Administración Pública. Es así de sencillo y llano.
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