La institucionalidad gobernante, como el país mismo, está de nuevo frente a nueva crisis, provocada, como lo sabemos, por factores exógenos. Una nueva crisis atizada por las ondas procedentes del conflicto en el Golfo Pérsico que hoy tiene en vilo la economía nacional y al propio poder adquisitivo del pueblo hondureño.
Y de nuevo, la expectativa de ver o no ver lo que hemos visto en otras crisis antes. La gestión de las crisis siempre fue, digamos, que el “talón de Aquiles” de la gobernanza de turno en Honduras.
Los gobiernos adoptaron la postura de esperar y ver, o a la inversa, ver y esperar, mientras la ausencia de una visión de país o de políticas públicas estructurales, agravaban el daño que en principio bien se pudo haber mitigado con una reacción a tiempo.
Han resultado ser las facturas más caras que como sociedad nos ha tocado pagar. Nos pasó con el covid. Lamentablemente en la mortal epidemia, no se activó un verdadero y coherente plan anticrisis y más de diez mil compatriotas murieron víctimas del covid, pero también de la inacción.
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Honduras carente de gobiernos diligentes
La gobernanza de aquel entonces no supo qué hacer con la epidemia, pero menos supo cómo gestionar su propia crisis de inacción, opacidad y capacidad de gerencia. No se trató de las consecuencias derivadas de los factores exógenos que generaron la crisis sanitaria.
Lamentablemente Honduras, en general, ha carecido de gobiernos diligentes en el manejo de las crisis. La administración anterior no pudo preservar y menos aumentar el nivel de ingreso del 62.9 por ciento de los hogares que sobreviven bajo el umbral de la pobreza.
Comprometieron aún más el futuro de miles y miles de hondureños, renunciando al desafío reivindicador de cubrir las necesidades básicas de una población a la que el costo de la vida golpea en un promedio de 8 de cada 10 de sus ciudadanos.
¿Y cómo nos agarra esta nueva crisis?. ¿Nos habrá tocado esta vez un gobierno que sea un administrador de crisis competente, con un plan coherente y efectivo de gestión de crisis?. Esa es nuestra gran expectativa.
Un gobierno que no se siente a esperar y ver, o a ver y esperar la hora de desplegar las contramedidas para proteger a la población hondureña y a la economía nacional de las ondas procedentes del conflicto en el Golfo Pérsico.
La coyuntura no permitirá siquiera que escondiendo la realidad, como lo hicieron los de antes, nos vaya a doler menos. De todas formas, el shock energético, la subida de precios y la pérdida de poder adquisitivo que ya comenzamos a resentir, no es algo que se pueda omitir para no actuar.
No son tiempos más para una gobernanza sin un espíritu de combate y reivindicación para desafiar los ingentes problemas de la población hondureña. Las consecuencias de la inacción y solo “ver y esperar” que le ha impedido a Honduras sentar las bases de su despegue económico y desarrollo social.

