La burocracia alimentada por el sectarismo es uno de los males crónicos de Honduras. Ahora son más significativos sus efectos sobre las finanzas, porque no solamente se incrementó en un 30 por ciento el número de dependencias que fue desde 85 a 113 dependencias estatales, sino que el gasto en el pago de sueldos y otros beneficios laborales se volvió insostenible. Los informes de la Secretaría de Finanzas detallan que el año pasado fueron desembolsados no menos de nueve mil millones de lempiras mensuales para la entrega de sueldos y salarios a funcionarios y empleados del sector público. ¡Claro que no es aceptable que siga alentándose una burocracia estéril, ineficiente, por demás considerado un reducto de parásitos, mientras seis de cada diez hondureños viven en la pobreza! ¡Qué forma de derrochar los escasos fondos con los que cuenta nuestra hacienda en tiempos de crisis económica, profunda brecha social e inestabilidad política! Una de las promesas tomadas por las autoridades salientes, como también fue declarada en las administraciones pasadas, es la reducción de la partida de los gastos por servicios personales sobre la base de la racionalidad y del buen desempeño de las finanzas. Ha trascendido que los cercanos colaboradores del presidente electo, Nasry Asfura, han planteado la desaparición de algunas dependencias como SEDESOL, CONDEPOR y el Programa de Reducción de Pérdidas de la ENEE, mientras otro grupo de instituciones serían fusionadas. Lo que se espera es que esta vez sea un planteamiento de campaña cumplido. Aligerar el peso de la burocracia y alcanzar el mínimo grado de eficiencia por parte de los servidores gubernamentales, han resultado ser puras propuestas mentirosas, compromisos falsos e intentos fallidos. Es un despropósito que un país en rezago como el nuestro destine nada más y nada menos que la cuarta parte del Presupuesto, alrededor de 9,000 millones mensuales en el pago de sueldos y salarios. Somos una nación empobrecida, afectada por la corrupción y la impunidad; además, cargada con una masa ociosa de más de 200 mil burócratas, cuyo único mérito es el de haber hecho una carrera política apadrinada por los “oportunistas” del poder. Estos vicios tendrían que llegar a su fin, más cuando nuestra economía va en decadencia y nuestra malla social está resquebrajada. Los hondureños ya no podemos seguir alimentando una estructura de funcionarios y empleados públicos, la mayoría de los cuales ni siquiera tienen las competencias requeridas para los puestos que desempeñan, pero que -por desgracia- están enclavados en una administración pública estéril. Todo debería de pasar por el funcionamiento de un gobierno pequeño que esté en concordancia con la disciplina fiscal, la buena gestión pública y un Estado de Derecho consolidado. MIRA ADEMÁS: Editorial HRN: Burocracia y recursos público