¡Qué pena que los políticos no hayan tenido hasta ahora voluntad para arribar a consensos mínimos en torno al Presupuesto de la República para el ejercicio fiscal 2025!
Es lamentable que la discusión de un tema que requiere de análisis financiero esté revestida de puro cálculo político. La oposición se resiste a darle su apoyo a un plan de gastos que incluye 1,800 millones para la construcción de una cárcel de máxima seguridad y mil millones orientados a la compra de dos helicópteros.
En cambio, han sido reducidas las partidas para la atención de los enfermos renales, la producción y distribución de textos escolares y la operación de organismos de Derechos Humanos, de conformidad con lo que se ha denunciado en círculos críticos.
El Presupuesto de la República que ha sido tendría que responder a un plan para robustecer la economía, ordenar las finanzas y establecer una distribución racional de los recursos.
Para ese cometido hay que devolverle al instrumento fiscal su significado de planificación para el desarrollo de Honduras, un país donde la inversión se ha caído en casi 30 por ciento y los problemas laborales afectan a más de dos millones de personas.
La economía está sostenida básicamente por el envío de más de nueve mil millones de dólares en remesas, las exportaciones se debilitan, el riesgo crediticio se incrementa y las reservas internacionales se mantienen a costa de la pérdida de valor del lempira.
Hay coincidencia en que otro de los talones de Aquiles es el endeudamiento que el sector oficial señala que supera los 16,000 millones de dólares, pero que los analistas independientes cuantifican en una cifra mayor y en crecimiento.
Las expectativas de desarrollo económico y de mejoramiento de los indicadores fiscales también están puestas sobre el incremento de los precios internacionales de los productos que representan el mayor peso de la oferta exportable del país.
En resumen, el Gobierno afirma que las cuentas fiscales de Honduras sí calzan con las metas fijadas para este período, aunque los sectores desligados de la visión oficialista mantienen su advertencia en el sentido que las finanzas hondureñas no están bajo control.
La hacienda hondureña necesita entrar en un verdadero proceso de disciplina fiscal que hasta ahora ha tambaleado o no ha existido y que tendría que derivar en un crecimiento económico firme, en mayor inversión, en más generación de riqueza y en beneficio social para la población.
Esta condición depende de un equilibrio entre los gastos y los ingresos. Pero este punto clave debe de ser analizado con responsabilidad y visión, no con una mente corta ni “embotada” como la que exhibe la gran mayoría de los políticos en el Congreso Nacional.
Como sabemos, hasta ahora mantuvieron entrampada la aprobación del Presupuesto de la República por puro cálculo.

