Este 19 de octubre, Día Internacional contra el Cáncer de Mama, debe ser, una fecha más que propicia, para visibilizar un creciente problema de salud en Honduras, pero, sobre todo, para demandar la creación de políticas públicas, y exigir una legislación solidaria y urgente, a partir del primer diagnóstico de cáncer de mama, con cargo directo al sector público de salud.

Es esencial que resaltemos la connotación conmemorativa, sensible, dolorosa, respetuosa de la fecha, pero las más de mil mujeres hondureñas que anualmente son diagnosticadas con cáncer de mama, y las más de 300 que cada año mueren en el país por esa causa, necesitan más que palabras y aliento o eventos de ocasión.

El Día Internacional contra el Cáncer de Mama, que repito, anualmente mata a más de 300 mujeres hondureñas, debe asumirse ya, con políticas públicas, en términos presupuestales y con una mayor responsabilidad y sensibilidad social, considerando todos los recursos para la atención a la población femenina, desde la prevención y desde el origen de este dramático problema de salud pública.

Sólo la implementación efectiva y crucial de políticas públicas mejorará los resultados e impactará en las cifras, en la salud de las mujeres y en la reducción de la mortalidad asociada al cáncer de mama.

Son varios y pendientes los desafíos y pocos los esfuerzos realizados en Honduras para enfrentar el reto de avanzar hacia un esquema integral de atención que en principio garantice el acceso a programas de prevención, de calidad en atención, y no digamos, de tratamientos eficaces.

Nuestra primera responsabilidad, como sociedad, será siempre crear y promover conciencia entre mujeres y hombres sobre la detección temprana del cáncer de mama.

En Honduras, a lo sumo, sólo 10 por ciento de los casos de cáncer de mama son detectados en etapa uno. El 75 por ciento de los casos son descubiertos hasta la tercera etapa, lo que disminuye las posibilidades de recuperación total de un 85% en la primera etapa hasta un 35%.

La toma de consciencia, entonces, ayuda ya que cuanto más temprano es el diagnóstico, más posibilidades existen de superarlo. Pero hay que recalcar sobre la urgencia de que se implementen políticas públicas sobre la enfermedad y su incidencia, centradas en el diagnóstico oportuno y un tratamiento de calidad, con el objetivo de reducir la mortalidad y mejorar la atención a las pacientes.

Necesitamos como país avanzar hacia el manejo integral del paciente, a partir del fortalecimiento del sistema público de salud. Ciertamente, estamos como en pañales, en campañas permanentes para prevenir la enfermedad.

Es necesario sí, insistir en hacer conciencia sobre la importancia de la detección temprana, pero serán la instauración de políticas públicas, diseñadas para abordar un problema de salud creciente, lo que le va a permitir a las mujeres tener acceso a un tratamiento adecuado, mejorar la vida de las pacientes y reducir la mortalidad.

Aunque el mensaje de las campañas hagan más énfasis en la autoexploración, en la detección temprana, hay que decir que eso no es suficiente. Es indispensable, sí, seguirle diciendo a las mujeres de 40 años o más, que deben realizarse una mastografía al año, aun en casos en los que no se presenten factores de riesgo, pero aquí, lo que urge, es que el sistema sanitario público asuma ya el cargo directo de este creciente problema de salud.

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