La anarquía es el signo que sobresale en el diagnóstico reservado del sector salud. Así está demostrado una vez más con motivo de la crisis que se ha generado por la falta de entendimiento entre el Gobierno y los médicos que reclaman el pago de sus salarios.
Los dirigentes de los doctores aseguran que no ha sido posible conciliar posiciones con los funcionarios de la Secretaría de Salud y que al menos un centenar de sus colegas no han recibido sus remuneraciones, en tanto que el sector oficial sostiene que ya fue acreditado el pago al 99 por ciento del personal sanitario.
En ese punto están enfrascados los sectores que rivalizan en este conflicto que, injustamente, condena a los pacientes a no recibir atención digna en los hospitales y en los centros de salud, un derecho irrenunciable que el Estado debe garantizar.
Es una desgracia que por negligencia, por falta de voluntad, por capricho, por mezquindad y por flagrante desprecio a la persona humana, los enfermos -que son la mayoría en este país- no tengan oportunidad a los elementales servicios de salud,
No es solamente que los médicos permanezcan sin sus salarios por varios meses, sino que muchos de los especialistas han renunciado a sus plazas en los hospitales públicos.
El sistema de salud, que hace tiempo permanece en estado de coma, se está quedando sin especialistas. Cada año se gradúan mil doctores generales; de éstos, menos de la cuarta parte tiene acceso a formarse en una especialidad.
Editorial HRN: Honduras tiene apenas cuatro médicos por cada diez mil personas
En resumidas cuentas, Honduras tiene apenas cuatro médicos por cada diez mil personas, menos de la mitad del promedio de la región centroamericana que es de nueve doctores por cada diez mil habitantes.
La anarquía ha dominado la administración de la salud en el presente Gobierno. El exministro José Manuel Matheu estuvo atrapado en un marasmo, rivalizó en extremo con el mismo Colegio Médico, con las autoridades de la red hospitalaria y de los centros sanitarios y con las diversas organizaciones del SITRAMEDHYS.
Sostuvo relaciones antagónicas con los congresistas de su mismo partido Salvador Honduras, quienes le retrataron en su momento como alguien de “muy difícil trato”.
Y la sucesora en el cargo, la doctora Carla Paredes, tampoco ha hecho lo suficiente para lograr una relación armónica con los distintos actores del sistema de salud.
Está metida en su propia opinión. Se niega a darle credibilidad a los informes del Colegio Médico, las denuncias de las autoridades de los hospitales y los desgarradores testimonios de los pacientes y de los familiares de estos que encuentran puertas cerradas a su demanda de asistencia sanitaria. Su gestión es accidentada; más cuestionable aún, muy semejante a la de una activista política.
La despolitización de la salud es un imperativo, porque la población perece en un sistema de salud abandonado. ¡Ojalá esa situación fatal pueda ser revertida!

