Estamos ya en el pleno Feriado Morazánico. El sector oficial calcula que un millón de hondureños se movilizarán durante esta temporada a sus lugares de origen o a los sitios promovidos para hacer turismo interno.
El Comité Nacional de Prevención en Movilizaciones Masivas ha desplegado más de 28 mil operativos a nivel nacional, en el marco de un plan para garantizar la seguridad de las personas, pero nos agarra este corto período de descanso con una red vial que todavía deja mucho que desear.
Ciertamente que nunca tuvimos las mejores carreteras. No ha habido gobierno alguno que no haya quedado a deber con la reparación, mantenimiento, y menos, con la habilitación de la suficiente cantidad de kilómetros de carreteras construidos o pavimentados.
La falta de una buena red vial en Honduras se ha debido en parte a la opacidad de los gobiernos de turno que durante los períodos que les tocó administrar el país no parecieron priorizar el estado de las carreteras primarias, secundarias, y menos, terciarias.
Y las consecuencias las han tenido que asumir, siempre, quienes se movilizan a través de los 14 mil 300 kilómetros de carreteras que conforman la red vial del país.
El deplorable estado de la carretera CA-13, por ejemplo, ha tenido en jaque prácticamente la economía del Litoral Atlántico del país. El 90 por ciento de ese corredor está en pésimas condiciones, y eso que en la zona están enclavados algunos de los destinos turísticos más atractivos de Honduras. ¿Cuántos hondureños no habrán desistido en este Feriado Morazánico de ir a Trujillo, Puerto Castilla, todos los paradisíacos lugares que ofrece la oferta turística del departamento de Colón, por el estado de esa carretera?
La industria turística nacional no ha pasado los últimos años sus mejores tiempos, y en eso tiene que ver el estado de la red vial.
El sector privado estima que este año los ingresos por turismo se contraerán en un 15 por ciento, lo que implicará que el país dejaría de percibir hasta 100 millones de dólares en divisas. No es poca cantidad, en tiempos en donde el impacto de la pandemia le sigue pasando factura a la industria sin chimeneas.
Un país sin una red vial más o menos buena es un país que no puede mover su comercio, su producción, sus bienes y servicios. Ningún gobierno puede celebrar legado alguno en cuanto al mantenimiento, rehabilitación y ampliación de la red vial, aún y cuando todos coincidamos en que la infraestructura vial tendría que ser siempre una prioridad nacional.
Pero a partir de un presupuesto que este año aumentó hasta los 15 mil 500 millones de lempiras, la inversión en infraestructura vial sigue siendo exigua. No es mucho lo que se puede hacer cuando la ejecución de ese ya de por sí, limitado presupuesto, tampoco se ejecuta al ritmo que se deterioran las carreteras ya construidas.
Hemos vuelto a perder otro periplo valioso para empezar a caminar por la vía correcta, y digamos, a buena velocidad gerencial y operativa. Otro desafío de políticas públicas que se sigue postergando. Otra oportunidad que se desperdició, para bachear y hasta pavimentar la brecha que nos permitiría impactar sobre competitividad y la calidad de vida de la población que se sirve de una red vial en buen estado.
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