Pareciera que estamos en un callejón sin salida.

Esa percepción No es exagerada. Atravesamos por una multicrisis. Muchos factores están conjugados: la caída de las exportaciones, el aumento de las importaciones, la pérdida de reservas y el deslizamiento de la moneda.

Este comportamiento negativo solamente puede ser contrarrestado si son puestas en marcha estrategias encaminadas a impulsar la productividad.

De lo contrario, los rubros que han encabezado la oferta exportable se debilitan. Honduras ha pasado de ser productor a importador de granos básicos; el sector banano tampoco se recupera; el cultivo de camarones no encuentra mercado; y la cosecha de café, otrora fortaleza de nuestra economía, también muestra una baja en su cosecha.

Honduras es un país que lo importa casi todo, no es un destino atractivo para las inversiones y sus políticas económica, cambiaria y monetaria no han sido tomadas en el tiempo ni ajustadas en el momento oportuno.

El andamiaje productivo se derrumba, en tanto la moneda retrocede en su valor frente al dólar y las reservas internacionales se desploman, todo lo cual convierte a Honduras en un país estacando.

Para no variar, esta cadena de desbalances se traduce en un fuerte golpe a la población, principalmente a ocho de cada diez hondureños que tratan de sobrevivir en la economía informal y en particular al 70 por ciento de los hondureños que están en el fango de la pobreza.

Tampoco les resulta fácil cubrir sus cuentas a cuatro de cada diez hondureños que integran la población económicamente activa, pero que no ganan el salario mínimo.

Los mismos entendidos en economía y finanzas confiesan que es muy difícil plantear soluciones al laberinto en que está hundida nuestra Honduras, con un aparato productivo atrofiado, un escaso flujo de capital, la falta de certeza jurídica y los sobresaltos político-ideológicos.

Los más pesimistas no dudan en afirmar que con toda esta carga encima, no hay respuestas viables para sacar a flote la economía y mejorar las condiciones sociales de la población.

Lo peor del caso es que nuestras autoridades se han encerrado en el discurso que se limita a repetir que está en marcha la refundación de Honduras y que las desgracias del país en todos los órdenes fueron engendradas por la narcodictadura.

Lo que precisa Honduras es que exista una coordinación entre las acciones de las autoridades gubernamentales y las propuestas de la empresa privada, el sector que genera riqueza, que crea empleos y que aporta tributos.

¿Acaso es lógico que, en lugar de avanzar hacia la productividad, la competitividad, el ordenamiento de las finanzas y la dinámica económica, más bien retrocedamos y nos derrumbemos?

Nuestros vecinos ganan terreno, suman calificaciones y corrigen sus políticas; en Honduras, damos vueltas sobre los mismos errores en un “callejón sin salida”.