No son buenas las noticias que nos han llegado en las materias de economía, comercio, producción y competitividad.

Concretamente, en el tema comercial y sus repercusiones sobre el aparato productivo y la oferta de exportación, los acuerdos alcanzados por Guatemala y El Salvador para reducir o eliminar los aranceles aplicados por Estados Unidos a sus productos nos dejan en clara desventaja.

La empresa privada ha proyectado que Honduras ha quedado al borde de perder unos 145,000 empleos directos y más de 500,000 puestos de trabajo conexos.

La industria maquiladora y el café serían los rubros más castigados por la ventaja que tomarán los países vecinos a raíz de las medidas convenidas por la administración Trump de aliviar o de aplicar cero aranceles a los bienes exportados desde parte del Triángulo Norte de América Central.

Estas son las consecuencias de una política de distanciamiento de Honduras respecto a Estados Unidos por razones ideológicas. Estamos en la lista de los socios “en suspenso”, a costa de ser aplastados en nuestra lucha por fortalecer nuestras exportaciones y generar divisas de nuestro aparato productivo.

Esperábamos que los personeros del Gobierno expusieran con claridad meridiana si Honduras cuenta con el respaldo de una estrategia para responder a ese golpe que significa un trato arancelario diferenciado a nuestros productos.

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Los funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Económico han brindado una explicación politizada en extremo en respuesta a los términos preferentes con que serán comercializados en Estados Unidos los bienes importados de Guatemala y El Salvador.

Los voceros del régimen refundacional han reclamado que los empresarios, los analistas y los versados en economía que adversan al Gobierno Zelaya Castro han reaccionado hasta con “gozo” a las resoluciones de Washington.

Y con tono punzante, los defensores a ultranza de la administración gubernamental, han espetado a los sectores críticos que están equivocados, porque Honduras no está afuera, sino que está en proceso de negociación.

Tristemente, nuestros candidatos a la Presidencia tampoco tienen un planteamiento serio y articulado sobre el manejo de la economía, el abordaje de las finanzas, el reavivamiento del aparato productivo y el fortalecimiento de la oferta de exportación de Honduras.

Son varias las líneas vacías que los aspirantes han barajado. Unos, proponen la dolarización; otros, apuestan por la adopción de una nueva estructura que termine con la desigualdad social; no faltan quienes apuntan hacia la creación masiva de emprendimientos y la inversión extranjera para reactivar el sistema productivo.

¿Podemos los hondureños esperar una etapa de desarrollo económico a partir de los vagos planteamientos de quienes compiten por la primera magistratura? Seguramente no.

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