La fecha en la que muchos países en el mundo conmemoraron el Día Internacional de la Alfabetización nos ha encontrado a Honduras estancada.
La educación de Honduras sigue registrando un rezago en casi todos los indicadores en relación al promedio centroamericano, resaltando, de manera negativa, una menor inversión por estudiante y desafíos no abordados ni resueltos en cobertura y escolaridad.
En la última década, el sistema educativo nacional apenas reportó avances y progresos significativos y, más bien, el retroceso y estancamiento en algunos indicadores se ha mantenido en una especie de caída libre, sumiendo a miles de estudiantes en la indefensión, sobre todo el casi el millón de niños y jóvenes que no van a la escuela.
Fiel reflejo de esta realidad es que el 76% de los estudiantes matriculados no recibe una educación de calidad, pese a que sí van a las aulas.
Además, la inversión por estudiante sigue siendo baja, con un gasto promedio por alumno que anualmente se mantiene en los 744 dólares, uno de los promedios más bajos en inversión por estudiante en América Latina.
La cobertura educativa es otro de los grandes desafíos. En el nivel medio, y en el rango de edad de los 15 a 17 años, la cobertura educativa es apenas de un 28%, mientras que en el área rural la exclusión escolar llega al 48%.
El 65% de los niños de 3 a 5 años, que representa la primera infancia, no asiste a la escuela, mientras que el 74% de los jóvenes entre 15 y 17 años está fuera del sistema.
El hecho de que solo el 63% de la población estudiantil esté dentro del sistema escolar, pone a nuestra niñez y juventud en una situación de rezago con respecto a las oportunidades sociales y económicas.
Pero ya no se trata de seguir llorando sobre la leche derramada ni de hacer comparaciones a partir de datos y cifras. También hay logros en otros indicadores y que deben potenciarse.
El índice de analfabetismo ha venido registrando una disminución desde la década de 1990. Para el año 2000, por ejemplo, ya era de un 20% y, para 2022, ya había bajado a un 12%.
La administración anterior, sin datos probados, declaró al país libre de analfabetismo, y ya sea o no sea así, lo que sí debemos reconocer es que hoy tenemos el nivel más bajo de analfabetismo en la historia de Honduras.

La otra buena noticia es que aún estamos a tiempo para salvar a la actual y las próximas generaciones estudiantiles. Nada más hay que hacer de la educación una prioridad nacional.
La primera e inmediata tarea es asegurar que todos los niños y jóvenes en edad de estudiar puedan acceder a una educación básica y media de calidad, aumentando los niveles de aprendizaje y fortaleciendo los procesos de gestión del sistema educativo.
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