Anclada en números rojos está la Empresa Nacional de Energía Eléctrica. Y una de las principales razones del descalabro son las pérdidas, tanto las técnicas como las generadas por hurto.
Las proyecciones para sacar de este abismo a la institución se han hecho descansar sobre las reformas que fueron aprobadas la semana anterior, uno de cuyos objetivos capitales es la reducción de los perjuicios financieros de la estatal que rondan el 38 por ciento.
Solamente por causa de conexiones ilegales y manipulación de los medidores, la ENEE deja de facturar alrededor de 18 millones de lempiras cada día. Las estimaciones más conservadoras apuntan que el 35 por ciento de las pérdidas totales de la estatal corresponden al robo.
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Entre 260,000 y 370,000 usuarios se encuentran en dicha condición irregular. Cerca del 80 por ciento de la energía obtenida fraudulentamente está concentrado en el 20 por ciento de los abonados que no pagan su factura, en particular las industrias, comercios grandes y residencias en zonas exclusivas.
Las enmiendas que han sido dadas a luz en la Cámara Legislativa contemplan acciones contra los responsables del delito de robo para quienes se establece un castigo entre cuatro y seis años de cárcel, multas económicas y medidas administrativas y civiles.
Así debe de ser por razón y justicia, porque las disposiciones para recuperar la ENEE tienen que ser radicales, no medias tintas y simples promesas políticas.
En el pasado reciente se drenaron al menos 35,000 millones de lempiras que fueron entregados a la Empresa Energía Honduras y al Programa de Reducción, supuestamente destinados a aliviar el enorme déficit de la ENEE, en un porcentaje significativo generado por el hurto.
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Como sabemos, los resultados fueron un fiasco, ya que -en lugar de ser disminuidas- las pérdidas se incrementaron hasta el 38 por ciento, traducido en una suma total de 50 millones de lempiras.
El saneamiento del estado financiero de la ENEE es uno de los compromisos principales que las autoridades están en la obligación de cumplir y consumar.
La inestabilidad financiera de la ENEE es una asignatura que hay que resolver de manera prioritaria. Es justo y necesario, ya que somos nosotros, los abonados, los que hemos cargado sobre nuestras espaldas los errores administrativos, abusos operativos y acciones corruptas que cometieron en el pasado empresarios inescrupulosos aliados con políticos malignos y con ciertos dirigentes sindicales oportunistas.
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Las reformas al subsector eléctrico están aprobadas. Esta vez, las disposiciones que forman parte de este nuevo marco legislativo tienen que dar resultados en el corto y mediano plazo. Está de por medio el saneamiento de las finanzas del país, el desarrollo económico, la llegada de inversión y la creación de más empleos.
