Estamos sobre aviso de que nos espera la etapa más crítica de la pandemia covid-19 después del asueto de Semana Santa, un período que ha dejado al desnudo la imprudencia, irresponsabilidad y falta de consciencia de la población que olvidó las medidas de bioseguridad.

Los pronósticos no son buenos en lo que respecta a la ruta que tomará la pandemia covid-19 en el país, una vez concluido el tiempo de vacaciones de verano.

Lo que debemos esperar es que los contagios, lo mismo que los decesos por el nuevo virus se multipliquen por muchas veces y que el país ingrese en un estado de "desastre sanitario". Antes de la Semana Mayor el sistema asistencial público ya no tenía espacios disponibles para atender a pacientes en sus diversos grados de complicación.

Una y otra vez, los médicos encargados de las salas hospitalarias y de  los centros de triaje han llamado la atención en el sentido que lo que nos depara es una crisis imposible de manejar.

Igual que como sucedió durante las fiestas de navidad y año nuevo y las elecciones primarias de marzo, las vacaciones de verano han evidenciado un comportamiento completamente inmoderado de la población que irracionalmente ha pasado por alto las medidas preventivas frente al virus que provoca el Sars-Cov2.

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Este escenario lúgubre se entrelaza con la gestión no planificada, elemental y objetable que se le ha dado a la pandemia desde que fueron detectados los primeros casos en marzo de 2020.

Las autoridades del Gobierno Central y los integrantes de las instancias que fueron creadas para dar respuesta a la urgencia sanitaria han seguido caminos torcidos; no han sido capaces de atender con diligencia la excepcional circunstancia que nos tiene de rodillas.

Estos personajes de alta investidura han dado "palos de ciego" en el manejo de los hospitales, en la administración de los centros de triaje y de estabilización, en el suministro de insumos y equipos y no digamos en la gestión de los fondos que ha resultado ser "turbia", en esencia.

En este ciclo de la contingencia epidemiológica en el que deberíamos de haber avanzado para inmunizar a la población, sobresale -vergonzosamente- la ineficiencia en la compra, distribución y aplicación de las vacunasanticovid.

Nos queda, entonces, promover con más decisión la adopción de protocolos de probados resultados satisfactorios en el tratamiento de los pacientes como ocurre con "Catracho", llamado así por su enfoque y combinación de componentes antiinflamatorios, anticoagulantes, antivirales, suministro de oxígeno de alto flujo y técnicas clínicas diversas.

¿Cómo es posible que en otros países se haya incluido este procedimiento,creado por prestigiosos científicos e investigadores hondureños, para el manejo hospitalario de pacientes covid y en nuestra nación no se ha introducido de manera uniforme, pese a que está demostrado que salva vidas?

"Catracho" es la alternativa con que contamos para rescatar a nuestros enfermos de las garras de la mortal peste que ya arroja un balance cercano a los cinco mil decesos y más de 190,000 casos positivos.

Se nos avecina un desastre, tras la descontrolada circulación de los veraneantes y su actitud temeraria frente al nuevo virus y ante el caos con que ha sido conducida la pandemia.

Ya estamos alertados: ¡Se nos viene una catástrofe, un tsunami sanitario si no lo contrarrestamos ya!

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