Ni plan de rescate, ni recuperación. Ni la grave situación financiera y operativa de la estatal eléctrica y su impacto en las finanzas públicas, ni menos, las advertencias del Fondo Monetario Internacional de condicionar su apoyo al programa económico del país a cambio de que se interviniera la ENEE, orilló a nadie aquí, ni a la institucionalidad gobernante, a la toma de una decisión, integral y radical.
Este año, ya a punto de finalizar, la ENEE habrá perdido unos 500 millones de dólares. Al cierre de este 2025, las pérdidas casi rozarán el 36 por ciento, mientras el monto de endeudamiento, superior a los 12 mil millones de lempiras, cavará aún más, el ya de por sí, profundo hoyo fiscal y financiero.
La prometida refundación terminó siendo la refundición del subsector eléctrico y de la misma soberanía energética del país.
El espectro de los apagones ha rondado sobre la economía nacional a lo largo de estos últimos cuatro años con consecuencias funestas para los emprendimientos y empresas. Sólo en el primer semestre del año se reportaron pérdidas económicas por el orden de los 2 mil 500 millones de lempiras.
Cada año que transcurre, la estatal eléctrica pierde un promedio de 500 millones de dólares, más en relación a lo que se perdía anualmente en el gobierno anterior, mientras el diferencial entre generación y venta de energía en gigavatios hora, en lugar en ensancharse, más bien se amplió, con saldos negativos para el sistema energético nacional.
Los expertos siguen cuestionando el hecho de que no se haya socializado ni delineado una estrategia consistente, y menos, un plan integral para asegurar su estabilidad financiera.
Desde que allá por el 2014 se aprobó y entró en vigencia la ley general de la industria eléctrica, encaminada a liberalizar el mercado eléctrico del país, y con un marco legal del sector, poco o nada se hizo desde una estrategia integral.
Si bien se aprobó la medida de darle energía gratis a los abonados que consumen menos de 150 kilovatios hora al mes, la revisión cíclica de las tarifas eléctricas fue prácticamente la moneda de cambio de las autoridades de turno, mientras los sectores comercial e industrial tuvieron que cargar, entre un 11 y un 44 por ciento más, con los costos adicionales que supuso el subsidio cruzado.
Los hogares que consumían arriba de los 150 kilovatios mensuales, sufrieron también un recargo en su factura. Las consecuencias de los cortocircuitos administrativos que han sumido en la oscuridad operativa y financiera a la empresa nacional de energía eléctrica. Los especialistas siempre insistieron en que el gobierno debía adoptar acciones urgentes, como, por ejemplo, la revisión de los contratos de suministro de energía y el urgente plan de reducción de pérdidas.
Lamentablemente, como en las administraciones anteriores, la ENEE siguió en caída libre hacia ese hoyo fiscal sin fin y barril sin fondo, mientras la institucionalidad gobernante de turno, como sus antecesores, haciéndose de la vista gorda.
Una tarea titánica le espera al nuevo gobierno: estructurar un plan de rescate que pueda hacer frente al millonario déficit de la estatal eléctrica, recuperar la capacidad operativa perdida y garantizar un servicio sostenido.
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