Ahora que está abierta la desaforada carrera de los aspirantes, los hondureños tenemos la oportunidad de colocar en una balanza el perfil de los aspirantes a cargos de elección popular, sus deméritos y liderazgos vacíos.

En su casi totalidad, los candidatos postulados han demostrado que no tienen planteamientos concretos frente a los problemas del país, que no son genuinos en sus discursos y que sus tesis abundan en conceptos incoherentes, afirmaciones arrebatadas y posturas llenas de soberbia, como apuntó recientemente el cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga.

Que nosotros sepamos, ninguno de los políticos que corren por incrustarse en la Administración Central, en el Poder Legislativo y en los gobiernos locales, ha presentado una propuesta para enfrentar el desempleo, la pobreza, la inflación, el endeudamiento público, la pérdida del valor de la moneda, la caída de la competitividad del país y la corrupción.

Prevalecen la insensatez, la jactancia y el endiosamiento de quienes se llaman líderes y dirigentes partidarios de Honduras, abocados a un nuevo proceso electoral primario y general en 2025.

Leímos hace unos días un mensaje subido a sus redes sociales por un diputado del ala recalcitrante de Libre. En tono peyorativo, el legislador ha tildado de "lacayos" a los precandidatos que atendieron la invitación de la embajadora de Estados Unidos, Laura Dogu, para exponer sus planes de gobierno.

A propósito, este cuestionado personaje se dio con la piedra en los dientes, cuando la precandidata a la que ha comprometido su apoyo también se reunió con la diplomática norteamericana, a efecto de exponer sus planteamientos de cara a la consulta comicial del año entrante.

Otros aspirantes han construido sus discursos alrededor de la “narcodictadura” y el “narcofamilión”, en un escenario pantanoso, populista y demagógico, al margen de las sentidas demandas de la población.

Y en las esferas de Libre, los candidatos a los distintos niveles de gestión no han podido solventar su desgaste en el Gobierno. Su narrativa ha ido desde las absurdas denuncias de confabulación de las fuerzas de derecha para dar un golpe de Estado hasta las acusaciones de “chantaje” de los Estados Unidos.

Los hondureños debemos exigir a los sedientos de poder que se postulan a cargos de elección popular que planteen la ruta de desarrollo de Honduras.

No se trata de llegar a la administración del Estado para improvisar, ni para usufructuar el poder, sino de poner en marcha todo un programa para el progreso del país y el mejoramiento de las condiciones de vida de los hondureños en rezago.

¡Que presten oído quienes se han bautizado como líderes y dirigentes de la empobrecida y subdesarrollada Honduras, caídos en el descrédito y responsables de que nuestro pueblo haya caído en el desencanto con la clase política, cada vez más vinculada con la corrupción y la criminalidad!

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