En esencia, el concepto de democracia no sólo se refiere a los aspectos formales de integración y conducción del poder, sino que también debe alentar la participación popular en los fenómenos económicos, sociales y culturales.
Por eso es que los grandes cambios políticos, para que sean eficaces y perdurables, requieren de un esfuerzo prolongado y perseverante, ya que implican transformaciones sociales, económicas y culturales que no es posible alcanzar de un día para otro.
¿Elecciones, políticos y conspiración?
Nuestra clase política y la ciudadanía en general deben tener claro que la democracia no sólo consiste en un conjunto de normas e instituciones de carácter electoral. Más que eso, es un complejo sistema político que ha de atender integralmente la vida social.
Difícilmente puede darse la democracia en una sociedad con bajos niveles de educación y cultura, con grandes grupos que viven en pobreza y que están marginados y, en suma, donde hay desigualdad.
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Para ser afianzada, la democracia requiere un desarrollo sustentable y equitativo. En Honduras no podremos aspirar a gozar de un mejor sistema democrático sin atender las demandas de desarrollo integral del país.
El estancamiento económico, los procesos inflacionarios fuera de control y la inequidad social, deben ser preocupaciones de la acción democrática en nuestra sociedad.
De lo contrario, la democracia siempre estará en riesgo de subsistencia y estará latente en el espectro de la ingobernabilidad.
Por ello es de vital importancia el fortalecimiento de los partidos políticos, que no pueden ser sustituidos por otras instituciones sociales, llámense estas “sociedad civil” u organizaciones no gubernamentales.
Sin embargo, para garantizar la consolidación de las instituciones partidarias, es necesario promover una mayor conciencia ética de la política como un fin, pero también como un medio para conquistar mayores niveles de confianza de las sociedades hacia las instituciones y agentes de la actividad política.
Es una pena y, por añadidura, una vergüenza, que nuestros políticos se conviertan en unos oportunistas, que escalen al poder, que dilapiden los fondos públicos y que sean los protagonistas de los más despreciables actos de corrupción.
Son ellos, de manera directa o colateral, quienes conspiran contra el legítimo reclamo del pueblo hondureño de garantizar procesos electorales transparentes que fortalezcan nuestro Estado de derecho.
¿No es esto lo que estamos observando con motivo de la lucha sin cuartel entre oficialistas y opositores, y entre defensores de la derecha y los prototipos de la narrativa de izquierda?
Hay un claro afán de restarle validez y legitimidad a la consulta democrática de noviembre. Tenemos que blindar la democracia de las intenciones de quienes trabajan para deteriorarla y pervertirla.
Tenemos la esperanza de que se imponga la fuerza del voto de cada hondureño en las urnas. ¡Es tiempo de robustecer nuestra democracia; es la oportunidad de abrir paso a una generación de políticos virtuosos y dignos!
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