En el 2021, la cantidad de empleados de la Empresa Nacional de electricidad no superaba los 2 mil 500. Al cierre del Gobierno de Libre, la burocracia en la 'refundida' estatal eléctrica sobrepasaba con creces los 6 mil empleados.

En el 2021, las pérdidas anuales de la ENEE ascendían a 14 mil 600 millones de lempiras. En el 2025, el último año del Gobierno de Xiomara, las pérdidas económicas de la estatal eléctrica tocaron fondo, al reportar la fracasada gestión del partido libre, un daño patrimonial anual de 40 mil 06 millones de lempiras.

Antes del 2022, la ENEE perdía un promedio de 36 millones de lempiras diarios. En cada uno de los cuatro años de Xiomara, la estatal eléctrica registró pérdidas diarias por el orden de los 91 millones de lempiras.

¿Qué nos resultó entonces? Pues que la medicina nos salió peor que la enfermedad, y que la prometida y cacareada refundación del subsector eléctrico nacional, y el consecuente rescate de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, terminó de 'electrocutar' las finanzas de la ENEE, y fundir su operatividad y administración.

Y aquí se valida, pero con tanta certeza, que lo que le sucede al pueblo hondureño es que las soluciones están en manos del problema. Es decir, que en lugar de ser la gestión de Libre la solución al delicado tema que hemos tenido en Honduras en la última década con la ENEE, fue más bien el problema.

Las pérdidas más bien aumentaron y la ENEE experimentó la peor situación operativa y financiera registrada en los últimos 20 años.

Personal de la ENEE trabajando
Durante la gestión del Partido Libre, encabezada por la presidenta Xiomara Castro, se registraron históricas pérdidas millonarias en la ENEE.

Lo que le toca hacer al nuevo Gobierno no es fácil, pero el desbalance financiero y operativo no es ya solo una referencia heredada. Mientras uno quisiera que la opacidad, la irresponsabilidad y la incapacidad tuviesen consecuencias administrativas y hasta penales, a la nueva administración le tocará entonces sacar 'las castañas del fuego'.

La situación de gravedad extrema en la que dejó el Gobierno pasado al subsector eléctrico debería acarrear la deducción de acciones administrativas. El despelote administrativo, atizado por el afán de colocar a activistas 'pega afiches' en una entidad técnica y de seguridad nacional, no tendría que quedar impune.

Llenaron la ENEE de conserjes ganando 60 mil lempiras y motoristas cuyo salario promedio era de 56 mil lempiras mensuales, mientras inyectaban miles de millones de lempiras a estructuras sensibles como el Programa de Reducción de Pérdidas solo para el sostenimiento de una masa salarial improductiva e incapaz que drenaba el presupuesto general de la estatal eléctrica.

Les valió un 'pito' el rescate de la empresa eléctrica. La tabla de salvación que pudo haber sido la implementación de un modelo de mercado abierto, que expandiera la inversión, la generación y la transmisión, no fue siquiera considerado.

Por más que estuviese en juego el derecho de un pueblo a un servicio público de calidad, y a ver por fin, la luz al final del túnel, a la nefasta gestión que acabamos de dejar atrás, le importó más la ideología y la aparente urgencia de convertir la cacareada refundación en la refundición del país.

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