Las proyecciones no son alentadoras respecto al comportamiento de los precios del petróleo.

Probablemente, los sobresaltos en el mercado internacional se prolonguen por dos o tres semanas más, lo que significa que Honduras tendrá que definir medidas complementarias para abordar los efectos de la crisis sobre el deslizamiento de la moneda, el alza en las tarifas de la ENEE y la sacudida en los costos de producción.

Honduras es un país eminentemente importador de derivados del crudo. Esta condición crea una circunstancia volátil, puesto que -por regla general- el encarecimiento de los combustibles termina por empobrecer más a las naciones que no son productoras de petróleo.

Uno de los efectos de las crisis energéticas es la enorme presión ejercida sobre el índice inflacionario, la estabilidad financiera y el aparato económico.

Pero el mayor valladar con el que nos encontramos en tiempos de convulsión petrolera es la marcada especulación que se ha desatado en el precio de los bienes y de los servicios.

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Acciones

Las autoridades competentes no han tomado las providencias para detener la ola de aumentos ficticios que caen como látigos sobre la mayoría de los hondureños que no tienen una fuente de ingresos para financiar sus necesidades y cubrir sus compromisos.

La inestabilidad en la cotización de los combustibles coloca en zozobra a quienes realizan sus actividades en la economía informal y dificulta a las empresas e industrias proyectar sus operaciones.

El Gobierno está obligado a concertar y poner en vigencia una política integral que permita un manejo prudente de contingencias frente a la actual crisis petrolera.

Las medidas que sean consensuadas para amortiguar los golpes de la crisis energética, tienen que estar focalizadas en reducir el peso de la factura petrolera y disminuir la dependencia de los carburantes para la generación de energía eléctrica; pero, sobre todo, en evitar mayores cargas sobre la población.

La factura petrolera ha experimentado un incremento de casi 60 por ciento en una década. El monto gastado para la importación de carburantes ha ido desde los 1,600 millones a los 2,500 millones de dólares.

En ese mismo plano, nuestro parque vehicular muestra un crecimiento de ocho por ciento cada año. Hoy día, circulan a nivel nacional unos 3.4 millones de automotores que congestionan las carreteras del país y que consumen varios millones de barriles de refinados del crudo.

De nuevo, estamos frente a un escenario agitado sobre el cual no podemos ejercer control ni prever sus alcances. Lo que sí es posible gestionar son acciones de política que impidan alimentar las especulaciones en tiempos de crisis.

Sigue siendo una urgencia el diseño de una estrategia que le ponga término a todas esas hipótesis fabricadas que crean nerviosismo en el mercado nacional, que impactan nuestra economía y finanzas, y que golpean a las mayorías desprotegidas.