A medida que se acerca la fecha decisiva de las justas comiciales primarias de marzo y de las elecciones generales de noviembre de 2025, queda al desnudo la ambición desmedida de los políticos, pero también está de manifiesto que nuestra Honduras se hunde por la falta de una visión de país.

Parece que existe en nuestra nación una “parvada de oportunistas” que están empecinados en complacer -a costa de lo que sea- sus intereses malsanos y que no les interesa en absoluto plantear respuestas a la multicrisis que golpea a Honduras.

Nuestro país se encuentra en una condición de estancamiento en todos los niveles, aunque las autoridades se esfuerzan por demostrar que “son diferentes” y que Honduras avanza.

Nuestra clase política carga con una mayor cuota de responsabilidad por el estado de rezago en que está hundida nuestra nación.

El Estado de Honduras ha sido y continúa siendo mal administrado, al mismo tiempo en que florecen la deshonestidad y las ambiciones descomunales de algunos sectores roñosos que han sido de tropiezo para el desarrollo de la empobrecida Hibueras.

Honduras está anquilosada en medio del “artero” quehacer político, la hipocresía de los liderazgos impuestos y la ausencia de una institucionalidad sólida. Carece de un proyecto de nación y de una visión de país.

Quedó en el olvido el compromiso de los caudillos de luchar sin pausa por el bien común y de trabajar en mérito de la persona humana, que es el fin supremo de la sociedad.

No tenemos un norte que nos indique hacia dónde vamos, qué propósitos perseguimos; tampoco sabemos qué nos depara a todos los que pertenecemos a esta patria si no se corrigen los entuertos cometidos y si este país no es enrumbado hacia puerto seguro.

Y la oportunidad de Honduras para no tocar fondo precipitarse se está agotando. La economía no va a crecer más de 4.5 por ciento, los sectores productivos se derrumban, las reservas sólo ajustan para 4.4 meses de importaciones y las remesas familiares que, hasta septiembre aportaron más de siete mil millones de dólares a la economía, ya no se multiplican al mismo ritmo.

La economía informal se extiende a ocho de cada diez puestos de trabajo y la inversión extranjera se mantendrá en la pírrica cifra de mil millones de dólares al término de este año, en tanto el lempira cae hasta 25.11 por dólar.

Son nada más algunos indicadores que nos muestran el deterioro económico, además del menoscabo social que sufren siete de cada diez hondureños.

¿Cómo salimos del peligro de que nuestra institucionalidad se desgarre, que toda la estructura de producción se dé por perdida y que la arquitectura social se destruya?

Cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime”. Así hay que entender lo que ocurre en esta Honduras.