En un mundo que atraviesa por turbulencias en distintos órdenes, el mensaje del cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, en vísperas de 2025, debe calar hondo entre los hondureños.

El líder de la Iglesia Católica ha llamado a los hondureños a evitar las expresiones de confrontación y de odio, en tanto que a los políticos les ha exhortado a entender que el poder ciega, y a actuar con verdad y justicia en 2025, cuando estamos convocados a elecciones primarias y presidenciales.

Un año nuevo significa hacer lo mejor, plantearse metas en la búsqueda del bienestar personal y familiar, mejorar el rendimiento laboral y revisar nuestro papel en la sociedad.

El reto de los hondureños ha de estar afincado, entonces, en la definición de objetivos y en la adopción de una actitud positiva frente a la vida. Sólo así, podremos edificar un entorno más favorable para nuestro país.

Hemos dado la bienvenida a 2025 y, como suele ocurrir cuando se abren las puertas de un nuevo período, las esperanzas están puestas en un cambio para mejorar las condiciones de vida de todos los hondureños.

El año que acabamos de dejar atrás fue espinoso para la mayoría de la población. No se dieron saltos trascendentales en las materias de finanzas, batalla contra la violencia, lucha contra la corrupción e impulso de la reforma educativa y sanitaria.

Tampoco se avanzó en la atención de las demandas de los grupos que viven en el rezago social; ni se abrieron nuevas fuentes de empleo, más bien se perdieron alrededor de 40,000 plazas y fueron cerradas 37,000 PYMES. Dos mil veinticuatro terminó con un desbalance en las finanzas, un modesto crecimiento económico y una institucionalidad significativamente debilitada.

El propósito para 2025 es generar condiciones que lleven al desarrollo social con equidad y justicia, además de establecer claramente las metas de un mejor porvenir para los hondureños.

Todo dependerá del esfuerzo que empeñen los gobernantes, con el propósito de levantar las bases de una Honduras más próspera, no de crear más división ni hostilidades como se desprende del mensaje de año nuevo de la presidente Xiomara Castro.

Nuestro país está afectado por la pobreza, la indigencia, el desempleo y los altos niveles de corrupción, impunidad y violencia criminal que nos sitúan en estado de vulnerabilidad.

En marzo acudiremos a comicios primarios y en noviembre vamos a depositar nuestros votos en elecciones generales. Tenemos la esperanza de que quienes tomen la administración del Estado se comprometan a trabajar por el cambio de la realidad nacional.

Con la mira puesta en que la clase política cumpla sus promesas de campaña y con la esperanza de que haya una transformación de nuestro país, los hondureños le hemos dado la bienvenida a 2025, un año en el que confiamos hacer realidad nuestros propósitos individuales y colectivos.