Han transcurrido casi dos meses desde que fue inaugurado el año escolar 2025, pero las flaquezas de la educación siguen sin ser atendidas. Una de ellas es la falta de docentes, un problema constante, inconcebible e imperdonable.
Las autoridades de Educación no han podido cubrir la demanda de profesores, como lo pone de manifiesto que en los años recientes cada semana se ha reportado al menos una protesta de padres de familia y de estudiantes que demandan el nombramiento de plazas.
Los alumnos y sus familiares han tenido que encabezar manifestaciones callejeras o tomarse sus escuelas y colegios, en especial de los departamentos de Francisco Morazán y Cortés, con el fin de exigir la asignación de profesores para las clases de carreras técnicas.

¡Qué incapacidad y qué falta de voluntad política de las autoridades gubernamentales para atender la solicitud de los estudiantes que claman a gritos para que los maestros lleguen a las aulas de clase!
Falencias en las competencias de los profesores
Es patético, porque -a juzgar por la misma dirigencia magisterial- en nuestro país hay más de 20,000 docentes que no están empleados en el sistema público y un déficit de diez mil profesores en los niveles prebásico y básico.
No cabe duda que este revés se debe a la mala distribución del dinero para crear la estructura presupuestaria de cada plaza docente, la politización y el terrible manoseo de los concursos y la ausencia de un plan dirigido a la gestión de los recursos humanos de la Secretaría de Educación.
No debería de ocurrir semejante “singularidad”. Se supone que los maestros son llamados a ser una piedra angular en la permanencia de los alumnos en las aulas de clase, en la elevación de la calidad educativa y en la generación de conocimiento.
Nuestro sistema educativo tiene un profundo rezago en las competencias de los profesores, de tal suerte que bien podemos afirmar que la profesión docente ha caído en la precariedad.
La formación de nuestros maestros no está en sintonía con su condición de facilitadores en los recintos de enseñanza pública, tanto los que funcionan en las regiones urbanas como las que están en las zonas rurales.
Ligado con esas flaquezas que muestran la generalidad de los profesores, los niños y jóvenes que son formados en las escuelas estatales carecen de las habilidades y de los conocimientos necesarios para afrontar el futuro y convertirse en agentes de cambio.
¿Será que la carrera docente se va a quedar estancada en la mediocridad, en la manipulación política y en la usurpación gremial, como ha ocurrido siempre, para menoscabo de nuestro sistema educativo?
Es una exigencia superar esta historia de rezago. Nada más así será posible avanzar hacia la calidad de la enseñanza, el buen rendimiento de los alumnos, el desempeño pertinente de los mentores, la construcción de un nuevo modelo curricular y la ansiada reforma educativa.
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