No sabemos a ciencia cierta por cuánto tiempo se extenderán las tensiones geopolíticas en Medio Oriente ni hasta dónde pueden llegar sus efectos sobre las finanzas.
Somos un país enteramente importador de derivados del crudo. Esta condición obliga a las autoridades a elaborar y consensuar un plan de contingencias como ya han procedido otros países.
No tenemos conocimiento que se haya avanzado mucho en este proceso, a excepción de una mesa que ha sido instalada con representación de empresarios, importadores, distribuidores y funcionarios gubernamentales para revisar la lista de medidas que deberían de ser puestas en vigencia.
Lo que sí sabemos con certeza es que los precios de los combustibles continuarán al alza y que esto representa un impacto no sólo para la macroeconomía, sino para la mayoría de la población de nuestro país, donde los derivados del petróleo son 50 centavos de dólar más caros que en los vecinos Guatemala, El Salvador y Nicaragua a causa de todos los tributos que son impuestos sobre la venta.
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Siempre que hemos sido impactados por las convulsiones del mercado petrolero, se han planteado respuestas improvisadas para amortiguar los golpes a la factura petrolera y atajar los graves efectos inflacionarios, pero no hemos construido una política para blindar nuestras finanzas y resguardar nuestra economía.

Hace una década tuvimos que batallar contra circunstancias muy similares a las que ahora nos preocupan. Entonces, fueron revividas varias medidas que ya habían sido ensayadas y que, debido a que no se les dio efectiva continuidad, no rindieron buenos resultados.
Entre dichas acciones recordamos la vigencia de un horario diferenciado para los sectores público y privado y la circulación regulada de automóviles, particularmente la flota del Estado que históricamente fue utilizada de manera abusiva con un exagerado costo para el erario.
Y en lo que toca a la población en general, estamos llamados a actuar con responsabilidad y a adoptar restricciones en el consumo de carburantes, de manera que se reflejen en un alivio en la factura petrolera.
Si bien las respuestas ante el encarecimiento de los derivados de petróleo han sido apuradas, mal planificadas y temporales, es apremiante que se rompa con esa tendencia.
Lo importante es que esta vez las medidas emergentes produzcan resultados para evitar que el incremento en el costo de los combustibles no ejerza demasiada presión inflacionaria ni rompa los límites de capacidad de las finanzas nacionales.
Ello dependerá de que todos los actores participen en la concertación de un plan de contingencia que tiene que entrar en vigencia a la brevedad para enfrentar el errático y volátil comportamiento del mercado de los carburantes.
Hay que actuar de manera coordinada y agresiva, mas no en reacción ligera a los aprietos que genera el conflicto en Medio Oriente en la comercialización del petróleo.
FIN

