Aunque las autoridades insisten en que se hace lo pertinente para enfrentar decididamente la violencia criminal, los resultados no son contundentes. La percepción es que la batalla contra la inseguridad es fallida.

La criminalidad en sus diferentes modalidades se ha desbordado. Las células criminales han avanzado, no obstante que el incremento en la partida presupuestaria para la seguridad pública ha sido sostenido.

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Promedio de muertes violentas

En el primer semestre de 2026, el número promedio de muertes violentas es de seis cada 24 horas, pero críticos de la política gubernamental afirman que es de ocho al día.

¿Un mayor presupuesto garantiza una férrea seguridad pública?

En Honduras esa relación no es proporcional. En los cinco años recientes, la cartera ministerial de Seguridad ha manejado más de 54,000 millones de lempiras que no se han traducido de manera más contundente en la neutralización de los grupos delictivos.

Recrudecimiento de la violencia

Las acciones de la delincuencia común y de la criminal organizada se han recrudecido en sus modalidades de extorsión, asesinatos, feminicidios, secuestros y otros conexos.

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Entre 2022 y 2025, la tasa de homicidios ha tenido una variación entre 38 y 26 por cada cien mil habitantes; para el cierre de 2026 se estima que este indicador se mantenga estancado en 26, debido a la falta de nuevas políticas estructurales.  

Es una verdad irrebatible que la seguridad está dentro de las demandas más urgentes de la sociedad y, en tal sentido, nadie puede estar en contra de incrementar esfuerzos y recursos para conseguirla.

¿Hay avances?

Ha habido algunos avances como algunos asomos de reestructuración de las fuerzas de seguridad y de investigación, así como la focalización de las acciones hacia aquellos puntos de mayor influencia de los grupos delictivos.

Persisten, sin embargo, muchos rezagos como la precaria persecución del delito, las fallas en la acción penal pública y la excluyente impartición de justicia que desembocan en la impunidad para los malhechores de toda laya.

Hay que agregar que, pese a las detenciones de algunos narcotraficantes importantes o los decomisos de armas y estupefacientes, estamos muy lejos de obtener el objetivo final de la cruzada anticrimen: una sociedad libre de violencia.

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La criminalidad se expande

En algunos aspectos incluso se ha producido un efecto contrario, más aún en zonas del país, donde la criminalidad recrudece y expande sus tentáculos.

Los asesinatos y el crimen común derivado de la confrontación entre mafiosos, así como las extorsiones, los secuestros y feminicidios, se han incrementado en una proporción alarmante.

Más allá de las consignas de “los buenos somos más”, “hay que hacer lo que tengamos que hacer para recuperar la paz”, “vamos bien” o “avanzamos con fuerza”, es indudable que hay que darles un giro a las estrategias; es decir, plantear un nuevo enfoque bajo el cual sean llevadas las ejecutorias contra el hampa.

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