Está claro que sacar a flote a la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), no ha sido una prioridad ni en las pasadas ni en la presente gestión.

Los hechos muestran que no ha existido una voluntad genuina de sanear el desbalance de la institución, cuyas pérdidas técnicas y perjuicios por hurto alcanzan el 38 por ciento, correspondiente con 50 millones de lempiras al día.

En los siete meses transcurridos de 2026, las pérdidas de la estatal eléctrica son de alrededor de 10,500 millones de lempiras, la deuda con los generadores privados asciende a unos 26,000 millones y su déficit ejerce una enorme presión sobre las finanzas del país, a tal grado que uno de cada cuatro lempiras de la deuda pública proviene de la crisis de la ENEE.

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Desastrosa gerencia

La Gerencia de la institución ha sido desastrosa. Ha arrastrado la economía y las finanzas del país. Y para transformar la estructura de la ENEE se requiere la inversión de unos 7,000 millones de dólares.

Es difícil comprender, entonces, cómo algunos diputados piensan que no hay prisa para discutir y debatir las reformas al subsector eléctrico. ¡Claro que sí es apremiante que sean identificadas las rutas de salvación de la ENEE!

¿No son los políticos que están en el poder los mismos que en el pretérito reciente condenaban con toda fiereza a sus antecesores por haber convertido a la Empresa de Energía Eléctrica en un cadáver?

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Negocio de la energía

¿No cayeron en las mismas componendas con sectores de poder económico interesados en mantener sus propias reglas en el negocio de la energía eléctrica?

El desastre de la ENEE desestimula las inversiones, destruye los programas de generación de empleo, fractura el aparato productivo y hace trizas la economía nacional.

No está en duda la irresponsabilidad en que han caído casi todas las administraciones de la ENEE, al haber postergado la ejecución de proyectos de renovación y sustitución de las redes de suministro y distribución, así como los programas de reducción de las pérdidas técnicas y no técnicas de la empresa.

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¿Quiénes son los culpables?

Quienes han estado a cargo de la administración del sistema de energía eléctrica, se han escudado en el eterno expediente de que sus antecesores son los culpables de no haber planteado respuestas a la crisis de la ENEE.

El colapso del sistema energético debe ser analizado con responsabilidad, capacidad gerencial, oportunidad técnica, mas no desde la visión política con la que ha sido manejado hasta ahora.

No puede ser demorada ni politizada la elaboración y puesta en ejecución de una estrategia dirigida a gestionar y solventar la emergencia del subsector eléctrico que amenaza con ponerle la lápida a la economía nacional.