El derrumbe del aparato productivo, los pronósticos sobre la inseguridad alimentaria y las sombrías proyecciones respecto al crecimiento de la pobreza nos ponen en una condición de desesperanza y de turbación.

Hay una realidad que no puede ser ocultada: cerca de dos millones de hondureños se encuentran en situación de inseguridad alimentaria grave y hay que intervenir sus hogares de inmediato a través de programas de asistencia social gubernamental.

Los datos de organismos internacionales como el Programa Mundial de Alimentos y el Banco Mundial ponen al desnudo que más de la mitad de los hondureños enfrentan problemas con el acceso a la comida.

La causa principal de este fenómeno tendríamos que buscarla en el retroceso de las actividades agrícolas. El aparato productivo está deprimido. Estamos importando todo y esto es grave.

La caída de la producción del campo profundiza la inseguridad alimentaria, arrastra a un número mayor de hondureños a la pobreza y le resta fuerza a la economía nacional.

Honduras ha dejado de producir los alimentos que necesita su población. ¿Acaso no lo demuestran así los datos, según los cuales hemos llegado a tal punto de dependencia que las importaciones representan el 60 por ciento?

Los pronósticos son los peores. Seguiremos dentro del círculo calamitoso de la improductividad, la inseguridad alimentaria y el alza de la pobreza y de la miseria, mientras el Producto Interno Bruto no crezca en al menos seis por ciento.

Los organismos internacionales proyectan que la población de hondureños pobres se incrementará en dos millones, como resultado de la postración de nuestro aparato productivo y del desabastecimiento o escasez de alimentos.

Los informes presentados por la institución que dicta las políticas cambiaria y monetaria de nuestro país muestran las ponderaciones más favorables, pero ocultan o desestiman cuán grave es la caída de la productividad.

No es suficiente con que los funcionarios del Gabinete Económico se limiten a repetir en sus informes o en las declaraciones públicas que las finanzas están ordenadas y que el Producto Interno Bruto evoluciona.

Porque estos mismos documentos oficiales nos muestran que la economía hondureña ha perdido dinamismo y competitividad, sobre todo en los rubros de la agricultura y de la manufactura; la moneda sigue en deslizamiento, las reservas internacionales tienen altibajos y el riesgo país es uno de los más altos.

Nuestro país ha retrocedido en la capacidad para generar riqueza y producción diversificada de alimentos. El Gobierno debe enfocarse en la construcción de una política de incentivos a la producción en conjunto con la empresa privada, en lugar de desviar la atención hacia asuntos como la refundación, el socialismo democrático y los proyectos para perpetuarse en el poder.

Porque lo más importante es la agenda para sacar a la población de la inseguridad alimentaria y de la pobreza, no la politización.