No podemos pasar inadvertido un hecho: el deslizamiento del lempira y otros temas relevantes son tratados con ribetes políticos como si se tratara de algo “simple”.

Funcionarios de la administración Zelaya-Castro y sus corifeos libran una batalla de “narrativas” en torno a las políticas económica, cambiaria y monetaria que han sido puestas en práctica en las distintas administraciones gubernamentales.

Miembros de la familia nuclear en el poder se han dado a la función de divulgar los datos de cómo ha evolucionado la depreciación del lempira en cuatro décadas.

Coincidentemente y como corresponde a los propósitos de propaganda oficial, el gobierno del expresidente Manuel Zelaya Rosales y la actual gestión de la gobernante Xiomara Castro Sarmiento aparecen como los que han mantenido apreciado el lempira.

De este escenario podemos destacar una intención de forzar en la opinión colectiva la idea de que en las gestiones anteriores no ha primado el interés popular, ni el compromiso con las familias necesitadas, sino la imposición de duras medidas macroeconómicas.

No es tan cierto que las administraciones Zelaya Rosales y Castro Sarmiento sean las únicas que han antepuesto las conveniencias de las mayorías a las recetas del Fondo Monetario Internacional en lo que respecta a las variables macroeconómicos, en este caso el cambio de la moneda.

El lempira se ha depreciado al mismo ritmo experimentado en las gestiones pasadas, cuyas ejecutorias son criticadas con radicalismo por los exponentes del poder popular.

Si por algo se ha caracterizado la presente gestión gubernamental es por las inconsistencias alrededor de las políticas económica, monetaria y cambiaria.

Dentro de estas posturas inestables, está –precisamente- el tema de la moneda y su valor frente al dólar. El Gabinete Económico se empecinó en mantener artificialmente una tasa de cambio que no era correspondiente con las condiciones del mercado.

Finalmente, y por presiones del Fondo Monetario Internacional, el Gobierno ha debido ajustar la cotización del lempira respecto a la divisa estadounidense, una disposición que –además- resultaba obligatoria para recuperar en la medida de lo posible las reservas internacionales que se han derrumbado aceleradamente.

Los resultados de las medidas tomadas a destiempo están a la vista: una depreciación del lempira que ha venido como un vendaval desde el mes anterior hasta pasar la barrera de 25 por cada dólar con una fuerte presión inflacionaria en perjuicio de las mayorías.

Lo que no debe ocurrir es que el caos económico y fiscal por el que atraviesa nuestro país sea visto con “ojos políticos”. La postración productiva, la caída de las inversiones y de las reservas, lo mismo que el desempleo y la pobreza son problemas que hay que resolver.

No vale de nada el discurso del gobierno que busca refundar Honduras y devolverle la dignidad y la soberanía al pueblo. Es un imperativo que el Gobierno plantee estrategias de crecimiento económico, competitividad y ordenamiento fiscal.