En nuestro empobrecido país, los recursos son tomados “a manos llenas” y son despilfarrados sin miramiento, en detrimento de las prioridades en las áreas de la educación, salud, seguridad e infraestructura.

El despilfarro no termina con el pago de ocho mil millones de lempiras mensuales en concepto de sueldos y salarios para los burócratas. En promedio, Honduras gasta un millón 800,000 lempiras mensuales en pasajes, reservas en los hoteles y alimentación de servidores públicos.

Los informes organismos de la sociedad civil, vale decir: la Asociación para una Sociedad más Justa y el Consejo Nacional Anticorrupción, reflejan que en más de dos años y medio que han transcurrido del mandato de la presidente Xiomara Castro se han consumido unos 1,600 millones de lempiras en viáticos.

Esa partida se traduce en una erogación de un millón 800,000 lempiras al día en los objetos improductivos y caprichosos de trasladar al extranjero a nutridas comisiones de altos funcionarios. Lo condenable es que, en la casi totalidad de los casos, son viajes de juerga que no aprovechan en nada a nuestro país, pero que son disfrazados de misiones especiales.

Normalmente, se trata de “periplos” de burócratas, sus familiares, amigos y hasta amantes financiados con dineros del pueblo. Son gastos indiscriminados que causan estos “visitantes del mundo” como si fuésemos un país desarrollado o de una potencia con una economía boyante y una condición de equidad social y estabilidad política.

Es todo lo contrario. Somos un país empobrecido que atravesamos por una situación económica y fiscal muy difícil.

Nuestras reservas internacionales se debilitan, nada más contamos con 6,800 millones de dólares; las exportaciones bajaron en siete por ciento en el primer trimestre; además, tenemos encima las presiones del Fondo Monetario para elevar la Tasa de Política Monetaria y deslizar la moneda.

Hasta el primer semestre de este año, los gastos corrientes sumaban 115,000 millones de lempiras, casi 20 millones de lempiras al día. ¿No es demasiada carga para un país con un pírrico crecimiento económico y una deuda pública que gira alrededor de 17,000 millones de dólares?

Los recursos son gastados indiscriminadamente para viáticos de los funcionarios de distintas categorías que siguen dándole la vuelta al mundo.

Citamos como ejemplo que sólo el año pasado el Congreso Nacional gastó 140 millones en viáticos, mientras el Poder Ejecutivo derrochó más de dos millones de dólares en el traslado de la presidente, Xiomara Castro, y de una comitiva de 71 funcionarios y periodistas a Dubái, Emiratos Árabes Unidos, donde la dignataria participó en la Conferencia del Cambio Climático.

Necesitamos establecer un balance entre la disciplina fiscal, los gastos corrientes, la productividad y la inversión con el fin de garantizar que el presupuesto sea un instrumento de desarrollo y no un medio para incentivar la corrupción, el clientelismo y el despilfarro. ¿Es difícil entender esa lógica?