Indistintamente de que los informes del Banco Central resaltan que la economía mostró un crecimiento acumulado de 4,7 por ciento entre enero y mayo de 2024, hay una realidad que no puede ocultarse: el retroceso de al menos dos por ciento en las actividades agrícolas.
Este indicador nos coloca en una posición muy complicada, en razón de que la caída de la producción del campo profundiza la inseguridad alimentaria, arrastra a un número mayor de hondureños a la pobreza y le resta fuerza a la economía nacional.
Hoy día, más de cuatro millones de personas tienen problemas con el acceso a los alimentos por dos condiciones puntuales: el decaimiento de la productividad y la falta de recursos para los hondureños en las peores condiciones económicas y sociales.
Honduras ha dejado de producir los alimentos que necesita su población. ¿Acaso no lo demuestran así los datos, según los cuales hemos llegado a tal punto de dependencia que las importaciones representan el 60 por ciento?
Los pronósticos son los peores. Seguiremos dentro del círculo calamitoso de la improductividad, la inseguridad alimentaria y el alza en los indicadores de pobreza y miseria, mientras el Producto Interno Bruto no crezca más allá de seis por ciento.
Los organismos internacionales proyectan que la población de hondureños pobres se incrementará en dos millones, como resultado de la postración de nuestro aparato productivo y del desabastecimiento o escasez de alimentos para los más necesitados.
Los informes presentados por la institución que dicta las políticas cambiaria y monetaria de nuestro país muestran las ponderaciones más favorables, pero ocultan o desestiman cuán grave es la caída sistemática de la productividad.
No es suficiente con que los funcionarios que tienen el mando del Gabinete Económico se limiten a repetir en sus informes o en las declaraciones públicas que el Producto Interno Bruto de Honduras evoluciona en sus principales actividades.
Porque estos mismos documentos oficiales nos muestran que la economía hondureña ha perdido dinamismo y competitividad en los rubros de la agricultura y de la manufactura.
Nuestro país ha retrocedido en la capacidad para generar riqueza y asegurar bienestar general, mediante la producción diversificada de alimentos y oferta de servicios.
¿No es más importante que el Gobierno se enfoque en la construcción de una política de incentivos a la producción en conjunto con la empresa privada, en lugar de desviar la atención hacia asuntos como la refundación, el socialismo democrático, la emigración de diputados oficialistas, las alianzas partidarias y los proyectos para perpetuarse en el poder?
Porque en esos temas es que estamos enredados, no en una agenda de solución a nuestra crisis múltiple.

