El proceso sufrió un “socavón” y una amenaza de dar al traste con esa cita a la que fueron convocados 5.8 millones de personas. A pesar de ello, los hondureños dieron una demostración de civismo y de vocación democrática ante la embestida de los políticos en menoscabo de la voluntad de las mayorías.
Los hondureños le ganaron al perverso boicot contra la democracia. Los votantes defendieron su derecho a elegir y a decidir mediante el ejercicio del sufragio.
Sea cual haya sido el origen del atentado contra la fiesta electoral; indistintamente de los oscuros personajes encargados de llevar a cabo esa bochornosa misión; y al margen de los autores intelectuales de la trama, lo importante es que el pueblo votó.

Lo que hay que destacar y aplaudir es que toda esa masa de votantes le dio un respaldo sólido a la democracia, le dijeron "no" al fraude y a la incertidumbre e hicieron que su voz se escuchara en las urnas
Muchos permanecieron en las filas hasta que las urnas fueron entregadas y las Juntas Receptoras instaladas; otros, fueron a sus casas, pero regresaron a ejercer su derecho ciudadano; y no pocos compatriotas de la tercera edad o con capacidades especiales se movilizaron de madrugada a los centros electorales.
Pueblo y democracia en Honduras
¿Cómo no poner de relieve el compromiso con la democracia y la voluntad de los hondureños de preservar nuestro sistema, que -aunque imperfecto- es el que nos garantiza el respeto a la libertad, a los derechos humanos y a la autodeterminación?
Qué invaluable es para nuestro Estado de Derecho la participación de los ciudadanos en los procesos de consulta, porque les da legitimidad a nuestras instituciones.
Qué ejemplo de convicción ciudadana, de firmeza en la defensa de los derechos y de patriotismo nos han dado los hondureños que salieron a votar, a pesar de las maniobras de aquéllos que quieren destruir el país.
Con qué fervor abrazan los hondureños los principios de libertad, soberanía e independencia, con todo y las conspiraciones de los politiqueros y sus cómplices.
Es posible que conozcamos toda la verdad o que se nos informe a medias; tal vez nunca se nos ponga en contexto de qué fue lo que pasó el 9 de marzo. Lo que sí es cierto es que esta fecha quedará registrada en la memoria colectiva como el día cuando los hondureños cerraron filas ante las conspiraciones contra la democracia electoral.
La clase política no debe seguir en su afán de manipular las elecciones. El pueblo ha dado una lección: y es que cuando la gente llega al hartazgo de la demagogia, siempre acude en masa a las urnas a depositar su voto de castigo.
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