Tres mil microempresas cerraron operaciones desde el mes de febrero por los apagones imprevistos. 100 millones de lempiras pierde el sector privado cada mes, mientras la Cámara de Comercio de Choloma, Cortés, ha declarado la emergencia económica por las millonarias pérdidas que registran los grandes, medianos y pequeños emprendedores afiliados.
El Consejo Hondureño de la Empresa Privada está urgiendo la aprobación de las reformas estructurales para así parar esta caída libre de la economía nacional y que al mismo tiempo sean también saneadas las finanzas de la Estatal.
Frente a la magnitud de los efectos derivados de las pérdidas que a la ENEE ya le cuestan más de 50 millones de lempiras diarios, y ante el colapso del subsector eléctrico, los diputados del Congreso Nacional no pueden, hombre, seguir dilatando ya la aprobación del paquete de reformas energéticas que el Ejecutivo remitió a la cámara legislativa.
Es que no hay más espacio para seguir postergando la implementación de la nueva política energética del país.
Es la hora de que nuestra clase política piense en el país y tome decisiones, a la altura de la emergencia energética que tenemos y la prioridad de país que es la reestructuración total de la estatal eléctrica.
Lo que está en juego es la nueva visión energética de Honduras, y la transformación de un modelo ya fracasado, muy desequilibrado y financieramente agotado.
No podemos seguir cargando con un modelo energético agotado. La nueva política energética que propone la administración Asfura para transformar el modelo ya agotado y electrocutado, rescatar la ENEE y garantizar la soberanía energética de Honduras, requiere el apoyo de una cámara de diputados desmarcados de las líneas partidistas y de los cálculos proselitistas.
Lo peor que podría pasar esta vez en el Congreso es que las bancadas de los partidos políticos ahí representados conviertan este asunto de interés nacional y de bienestar general, en un debate de coyuntura electoral.

Es la hora de que los tomadores de decisiones se alineen a la agenda de la población, del usuario, en atención a sus necesidades, a los asuntos esenciales y las nuevas prioridades con fundamento en el bienestar general.
Ahora es cuando los hondureños necesitamos que comience a nivel de nuestra clase política, que dice defender los intereses de la gente, una forma diferente de pensar. El bienestar general es también una urgencia nacional.
La nueva visión energética es una prioridad nacional, y los diputados de todos los partidos son los llamados a asumir un gran acuerdo de convergencia, alineado a la agenda de necesidades de una ciudadanía que ha sufrido en carne propia, los apagones, las altas tarifas y la falta de planificación.
Es la hora de que los verdaderos problemas sean enfocados como prioridades y compromisos.
Ya no podemos seguir dando vueltas y vueltas alrededor de cálculos, escándalos, reacciones, sin adoptar las respuestas a las necesidades de la población. Apoyar la reestructuración del modelo energético que tenemos y que ya colapsó, será, por fin, dejar de poner parches.
Necesitamos avanzar en los asuntos prioritarios y alineados a nuestras urgentes prioridades. Aprobar las reformas energéticas sin más dilaciones ayudará a construir prosperidad y bienestar a la población hondureña.
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