La crisis en la que ha sumido al país la pandemia del covid ha sido de devastadoras e incuantificables consecuencias. Casi nueve meses de  confinamiento dejaron sin empleo a cientos de miles de hondureños mientras ese encierro total se convirtió prácticamente en la sepultura del emprendimiento y de la economía nacional.

Ha sido la muerte en vida para los medios productivos del país, que no son más que los medios de vida de miles de compatriotas, emprendedores, trabajadores, jefes de hogares, y ciudadanos de a pie.

Cuánto nos ha costado esta pandemia y cuánto también ha devastado la economía y los medios de subsistencia del pueblo hondureño, las medidas que se tomaron y las decisiones que al mismo tiempo se dejaron de tomar.

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Las sufridas cuarentenas quebraron el tejido productivo, le cerraron los ingresos a un 67 por ciento de hogares, suspendieron laboralmente a más de 400 mil trabajadores, y orillaron al cierre a un poco más del 40 por ciento de pequeños y medianos emprendimientos.

Ha sido la peor tragedia que en la edad moderna le ha tocado pasar al país como tal, con la excepción -eso sí- de los detentores del poder político, de los vividores de crisis y de unos cuántos trasnochados por el mismo poder político, que lo que menos entienden o han sentido ha sido el sacrificio de la gente.

Los mismos trastornados, como les llama también un asesor legal de la iniciativa privada, que sin haber llevado a cuestas la pesada cruz del sacrificio, andan de nuevo en su trasnochada cabeza, dándole vueltas al retorno al encierro de la gente, al confinamiento de la economía, a poner de nuevo en cuarentena al país en general.

Trastornados que no saben que de la micro, pequeña y mediana empresa depende el sostenimiento de más de un millón y medio de hogares cuyas cabezas de familia dependen de sus salarios.

Trasnochados, entre los que están algunos que detentan  estrambóticos salarios de más de 230 mil lempiras mensuales en el engranaje público,  que ya no se acuerdan que por culpa del covid y de las medidas de confinamiento y encierro, un 75 por ciento de emprendimientos llegaron a no vender absolutamente nada durante meses.

Y ahora andan de nuevo con la onda de volver a las restricciones de circulación, a confinar de nuevo a la población, porque dicen que sólo así es que se pueden contener los rebrotes.

Si el encierro es lo que  empeoró los medios de vida y subsistencia de los hondureños. ¡No es volviendo a encerrar a la gente, no es confinando los medios productivos, no es limitando la circulación de los mismísimos medios de subsistencia como lo es por ejemplo un taxi para un hondureño que roleteando se gana el pan de cada día!

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El covid y cualquier rebrote sólo se va a contener a través de políticas públicas de seguridad sanitaria. A eso es lo que tienen que apostar quienes toman las decisiones.  

¿De dónde nos quieren salir con que de nuevo hay que encerrarnos mientras los que inducen o toman esas medidas de corte selectivamente restrictivas, no asumieron y ni asumirán ningún compromiso sacrificial conforme al peso distributivo de las cargas, al deber de la solidaridad que pregonan cuando discursan en los mítines político proselitistas?

Que después de más de nueve meses vuelvan con el cuento de las cuarentenas, el confinamiento y el encierro, es señores trastornados y trasnochados, puyar el macho con vara corta.