El Gobierno que proclama como una de sus banderas la refundación de Honduras no quiere a dar su “brazo a torcer” ante los cuestionamientos acerca de la inconsistencia en las políticas económica, monetaria y cambiaria.

Los entendidos coinciden en que el ajuste a la Tasa de Política Monetaria de tres a 5.75 por ciento, la depreciación del lempira, el bajo financiamiento a las empresas, la salida de capital por el orden de 1,500 millones de dólares y el encarecimiento del crédito al sector productivo crean incertidumbre.

Las exportaciones han disminuido, las importaciones son mayores, no hay mercado para muchos de nuestros productos; además, los sectores agrario y de manufactura siguen deprimidos.

Los funcionarios del Gabinete Económico han intensificado en los días precedentes sus respuestas bastante encendidas de tono a los críticos que preguntan por qué las medidas de incrementar la Tasa de Política Monetaria y de deslizamiento del lempira no fueron puestas en marcha progresivamente ni de manera oportuna.

¿No es contradictorio que el Gabinete Económico haya negado, en principio de cuentas, que no iban a ser tomar medidas “de shock”, pero luego fue elevada la Tasa de Política Monetaria y depreciado el lempira?

Los más recalcitrantes burócratas de la refundación han salido a responder a través de las redes sociales a quienes cuestionan las incongruencias de las políticas monetaria y cambiaria y sus efectos sobre la población.

En su defensa a ultranza de la tesis gubernamental, los funcionarios han hecho hincapié en que el programa económico de la presidente Xiomara Castro es socialista, busca rescatar lo público, tiene planteado un ambicioso programa de inversión pública de 97,000 millones de lempiras para 2025 y conserva una partida de subsidios y transferencias para los más pobres.

Las milicias del poder popular se han deslindado de los malos resultados o de los fracasos en la materia económica y sus conexiones con las finanzas, la presión tributaria, las inversiones y el riesgo país para el otorgamiento de créditos externos.

¿Son los inversionistas nacionales y otros actores no oficialistas los que han fabricado mentiras y los que apuestan por el fracaso de la gestión Zelaya-Castro, como afirman desde el Poder Ejecutivo?

¿Son farsantes y conspiradores todos los que observan con preocupación los indicadores que reflejan que la economía entró en postración, que las reservas internacionales están en condición anémica y que no hay un flujo de inversiones que hagan posible dinamizar la producción y crear empleos? En las condiciones en que se encuentra el país, no vale que la turbulencia económica y el caos financiero sea objeto de discusiones politizadas. Hay que concertar medias de política coherentes que permitan corregir el rumbo que lleva nuestro país.