El subsector eléctrico no es un simple servicio público; es el corazón palpitante que sostiene a toda la nación. Una realidad que se ha traducido en un grave problema de desarrollo.

A pesar de su importancia vital para el progreso del país, la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), la columna vertebral del sistema, pide a gritos ser atendida.

Falta de independencia y una problemática que abarca todos los ángulos del sector han dejado a Honduras en la posición de ser la nación más rezagada en acceso a la electricidad en toda Centroamérica.

La ENEE ha sido, históricamente, el epicentro de la política energética del país, pero también un ente vulnerable a las injerencias externas.

El corazón eléctrico de Honduras pide sanar

Como el corazón de una persona, necesita cuidado especializado para funcionar correctamente. Sin embargo, en lugar de recibir ese tratamiento, ha sido objeto de decisiones que no siempre han respondido a criterios técnicos, sino a intereses políticos de turno.

Esta situación ha minado su salud financiera y operativa, limitando su capacidad para realizar las inversiones cruciales en infraestructura.

Es por ello que la ENEE necesita con urgencia una mayor independencia, una gobernanza sólida que le permita tomar decisiones estratégicas a largo plazo sin las presiones de la política. Solo así podrá sanar y garantizar un suministro fiable a la nación.

El impacto de este sistema defectuoso es visible en cada rincón del país. El hecho de que Honduras sea la nación más rezagada en acceso a la electricidad en la región no es un simple dato estadístico, es una cruda realidad que afecta a más de un millón de hondureños que viven en la oscuridad.

Este déficit no solo les impide tener luz en sus hogares, sino que también les niega el acceso a la tecnología, la educación y, sobre todo, a la oportunidad económica.

¿Cómo pueden florecer los pequeños negocios o los emprendimientos rurales si el servicio eléctrico es intermitente o inexistente? Esta problemática no es aislada; es un obstáculo integral que paraliza el desarrollo social y económico y amplía la brecha de la desigualdad.

Para remediar esta situación, se requieren acciones concretas que aborden la totalidad del problema. La solución no puede ser cosmética; debe ser estructural. Como lo ha expresado el experto en energía, Edgar Aguilar, la clave es un cambio de mentalidad y de modelo:

Aguilar: "Necesitamos volver al inicio, fortalecer el mercado, y aceptar que la ENEE no puede ni debe controlar todo."

Esta visión implica un cambio de paradigma. Volver al inicio significa sentar las bases de una política energética transparente y basada en la eficiencia.

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