La declaración de las elecciones primarias tiene una significación muy particular, porque antes de que se diera lectura oficial a los resultados de esas justas se desataron una serie de especulaciones acerca de un plan para entorpecer el proceso democrático.
Los candidatos que se disputarán la Presidencia en los comicios de noviembre han sido nombrados por el Consejo Nacional Electoral: Salvador Nasralla por el liberalismo; Nasry Asfura en representación del Partido Nacional; y Rixi Moncada en nombre de Libre.
Después de la accidentada jornada del 9 de marzo que, para algunos, es la historia bochornosa de un complot en menoscabo de la institucionalidad, en el que intervinieron las Fuerzas Armadas, hay quienes han alertado que la democracia sigue en riesgo.
Elecciones generales en Honduras
¿Hasta qué punto Libre tiene en gestación una estrategia para dar al traste con los comicios generales? ¿Está la democracia en peligro real como lo afirman sectores nacionales y dirigentes políticos internacionales?
El aspirante Nasralla ha dicho que éste es el momento de salvar a Honduras, mientras el postulado Asfura ha hecho mención a las oportunidades para sacar adelante al país, mientras que Moncada ha anunciado la construcción de la ruta al socialismo.
Éstas no son propuestas de nuestros aspirantes. Son posturas simples y discursos vacíos de los candidatos a la Presidencia frente a los problemas del país que se han profundizado en el actual período de nuestra historia.
Honduras urge calidad de democracia
Honduras urge de un debate sobre la calidad de la democracia y la legitimidad de las instituciones, en aras de resolver los principales conflictos que aquejan a la población: la pobreza, el desempleo y la corrupción.
Esto es necesario, porque en nuestro país únicamente 15 de cada cien ciudadanos están satisfechos con la funcionalidad de la democracia, que es el sistema político, cuya razón de ser está asentada en la voluntad de las mayorías.
Un primer paso para dotar de legitimidad y de esencia al poder de las mayorías; esto es abrir espacios de diálogo para alcanzar consensos.
Lo que ha primado hasta ahora es un "cóctel explosivo" en el que se mezclan los enfrentamientos entre los líderes políticos, los discursos cargados de odio y la incertidumbre y falta de confianza entre los votantes.
La conflictividad electoral y la inestabilidad política no deberían de ser aceptadas si el objetivo es construir un país sobre la base de la paz, la justicia, la equidad social y el desarrollo económico.
Quienes observan el entorno político crispado que nos envuelve, coinciden en algo: no habrá en Honduras democracia sin demócratas y nosotros agregamos: no habrá un Estado de Derecho sin instituciones fortalecidas.
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