Se trata de situaciones que los hondureños arrastramos desde hace varias décadas y que se han acentuado en la medida en que han sido abordadas desde la óptica de la demagogia y del populismo, no a la luz de políticas para crear riqueza, atraer capital y movilizar a mayor ritmo los sectores productivos. Una reciente investigación de la máxima casa de estudios arroja que el desempleo se elevó desde 6.9 por ciento a 7.2 por ciento y se proyecta que podría alcanzar hasta el ocho por ciento al término del presente año. Honduras no ha podido avanzar en la creación de puestos de trabajo desde que entró en un cierre económico a raíz de la emergencia sanitaria de 2020, época esta en la que el desempleo alcanzó un nivel cercano al 11 por ciento. ¿Qué oportunidades podemos esperar para Honduras si, por razones de mezquindad y politiquería, los diputados oficialistas derogaron la Ley de Empleo por Hora y han engavetado la iniciativa tendiente a generar trabajo parcial? Esta cruda verdad está íntimamente ligada con la ausencia de políticas que le hagan frente a la desaceleración económica y a la pobreza que arrastra a por lo menos seis de cada diez personas. VEA AQUÍ: Editorial HRN: Honduras sin oportunidades para los jóvenes Desempleo, pobreza y economía informal La desocupación y el desaliento laboral nos refleja, igualmente, como un país con una enorme desigualdad social. Los hondureños se ven obligados a emigrar hacia la economía informal en la medida en que las circunstancias lo permiten o, en el peor de los casos, a sobrevivir como sea. La zona occidental es la que muestra la mayor concentración de hondureños que se ganan la vida por cuenta propia, seguidos de las poblaciones nucleadas en el oriente, el sur y en el Valle de Sula. ¡Qué deshonra!, pero así es, ocupamos el segundo lugar en la región de América Latina con la tasa de informalidad laboral más alta, para ser precisos, en la barrera del 80 por cada cien personas. No es un secreto que Honduras lidera la informalidad económica en América Central. También es una realidad que se traduce en la pérdida de alrededor de 50,000 millones de lempiras anuales en concepto de impuestos, lo que pone de manifiesto el rezago social y el letargo económico en un país que va a menos en todos los órdenes. Estamos clasificados en el bloque de los países más frágiles frente a la arremetida de la pobreza, el desempleo, la informalidad laboral, el debilitamiento del Estado de Derecho y la inestabilidad política. Necesitamos, entonces, del esfuerzo de todos los sectores para sortear las adversas circunstancias internas y las amenazas externas a las que estamos expuestos hoy día. MÁS NOTICIAS: Editorial HRN: Honduras frente a los riesgos de una recesión económica mundial