La percepción sobre el clima para invertir en Honduras mejoró, pero las viejas prácticas y los obstáculos no desaparecen.

Así define el entorno de negocios, el Departamento de Estado en su informe anual ¨Clima de Inversión 2026¨, en el que señala que los empresarios estadounidenses tienen una mejor percepción, tras el cambio de gobierno, ya que el presidente Nasry Asfura ha marcado una política favorable a la inversión privada. Sin embargo, advierte que persisten serias limitantes.

Según los inversionistas, el cambio más visible está en la confianza. El documento destaca como señales positivas el proceso para reincorporar a Honduras al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI); la renovación del régimen de importación temporal y la legislación sobre empleo a tiempo parcial.

También señala que la nueva ley energética eliminó disposiciones que habían generado preocupación entre productores.

Agrega que Honduras mantiene, además, ventajas para atraer capital: su cercanía con Estados Unidos, recursos naturales y una fuerza laboral competitiva, según las más de 200 empresas estadounidenses que operan actualmente en el país.

Pero una mejor percepción no borra los problemas de fondo. El informe identifica corrupción, burocracia, conflictos de tierras, inseguridad, altos costos y fallas en el suministro eléctrico, además de deficiencias en infraestructura y formación laboral.

Uno de los señalamientos más fuertes está en las instituciones, pues los inversionistas reportan que las solicitudes de sobornos para la aprobación de trámites siguen siendo comunes.

El informe también pone la mirada sobre el poder judicial y recoge reportes frecuentes de corrupción en tribunales locales y en casos ante la Corte Suprema de Justicia.

Las empresas estadounidenses expresan, además, preocupación por la independencia judicial y reportan denuncias de favoritismo, presiones externas y solicitudes de sobornos.

La incertidumbre también pasa por la tierra. El documento advierte sobre problemas de titulación de tierras, ocupaciones y disputas que pueden tardar años en los tribunales.

En seguridad, advierte que la delincuencia, la extorsión y los secuestros siguen encareciendo y desincentivando la inversión.

En energía, el problema es mayúsculo: altos costos y un suministro poco confiable y una Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) que acumula una deuda cercana al 10% del PIB.

En conclusión, Honduras recupera la confianza, pero mientras invertir signifique sortear corrupción, inseguridad y debilidad institucional, la buena percepción seguirá chocando con la realidad.

Debido a los obstáculos, Honduras no logra superar los 1,000 millones de dólares en inversión extranjera.

Por ejemplo, al cierre de 2025, la Inversión Extranjera Directa (IED) en Honduras alcanzó 881.2 millones de dólares, según el Banco Central de Honduras (BCH), frente a los 900.8 millones registrados en 2024.

El BCH atribuye la diferencia principalmente a una menor reinversión de utilidades en empresas de industria manufacturera, transporte, almacenaje y telecomunicaciones, así como electricidad, gas y agua.

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