Las fronteras cambiantes del mapa ayudan a explicar más de un siglo de conflicto entre árabes y judíos en Tierra Santa. Nuestra explicación comienza en 1916.

Durante la Primera Guerra Mundial, sir Mark Sykes, un diplomático británico, y François Georges-Picot, un diplomático francés, fueron designados por sus respectivos gobiernos para repartirse en secreto las tierras del Imperio Otomano. Las provincias árabes tenían que dividirse entre las potencias europeas.

Al tomar en cuenta la importancia de Palestina en el cristianismo, el islam y el judaísmo, esta fue concebida como territorio internacional. En 1917, el Reino Unido emitió la Declaración Balfour, para expresar su apoyo al "establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío".

Ya en ese momento había comenzado el asentamiento agrícola judío en Palestina, y el movimiento sionista, fundado por Theodor Herzl, había declarado su objetivo de crear una patria judía en su primer congreso en Basilea en 1897.

En 1920, la Conferencia de San Remo completó la partición del Imperio Otomano. El Reino Unido recibió el mandato de gobernar partes del territorio internacional que acordaron Sykes y Picot. Al año siguiente este territorio se volvió a dividir en Palestina y Transjordania, un reino árabe bajo dominio hachemita.

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Ese mandato fue aprobado por la Sociedad de Naciones, precursora de las Naciones Unidas, en 1922, y es importante destacar que se incluía el respaldo a la Declaración Balfour. Progresivamente, los árabes que vivían allí recurrieron a la violencia contra sus ocupantes y un número creciente de inmigrantes judíos, entre ellos judíos alemanes que huían de la persecución de los nazis.

En 1936 los árabes se rebelaron. Los británicos aplastaron el levantamiento, pero intentaron ganarse a los árabes al restringir las ambiciones judías en la región. Los grupos militantes judíos iniciaron su propia revuelta que se extendió después de la Segunda Guerra Mundial. Al final, los británicos se dieron por vencidos y entregaron el problema a la ONU.

Después del Holocausto, la presión por el reconocimiento internacional de un Estado judío aumentó. En 1947, la ONU propuso la partición de Palestina en tres partes: un Estado árabe, un Estado judío y Jerusalén, que pretendía ser un “corpus separatum”, una entidad separada gestionada internacionalmente.

La violencia no hizo más que empeorar. En 1948, cuando el Reino Unido se retiró por completo, los líderes judíos declararon el establecimiento del Estado de Israel. Los países árabes vecinos rápidamente invadieron.

Israel sobrevivió a la invasión árabe. En el Armisticio de 1949, una línea de demarcación (conocida como “Línea Verde”) sirvió como frontera de facto entre Israel y los Estados árabes, aunque los gobiernos árabes se negaron a reconocer a Israel. Más de 700.000 árabes palestinos huyeron o fueron expulsados de sus hogares.

A esto lo llamaron la 'nakba' (catástrofe en árabe). La Franja de Gaza y Cisjordania quedaron bajo el control de Egipto y Transjordania (más tarde Jordania), respectivamente. Jerusalén quedó dividida.

En 1967, durante la guerra de seis días entre Israel y sus vecinos árabes, Israel capturó Cisjordania, Jerusalén Este, la Franja de Gaza, los Altos del Golán y la península del Sinaí; anexó Jerusalén Oriental, junto con una porción de Cisjordania, e impulsó la construcción de asentamientos judíos en las tierras ocupadas.

En octubre de 1973, en el día santo judío de Yom Kipur, Egipto y Siria lanzaron un ataque en el Sinaí y los Altos del Golán. En 1978, bajo la protección estadounidense, Israel y Egipto firmaron los acuerdos de Camp David y un tratado de paz al año siguiente.

Israel acordó devolver todo el Sinaí y conceder autonomía a los palestinos. Los países árabes indignados expulsaron a Egipto de la liga árabe y no hubo avances para la autonomía palestina.

En 1987, los palestinos se sublevaron, en lo que se conoce como la primera intifada, un movimiento sostenido de huelgas y protestas con lanzamiento de piedras. En 1993, Israel y la Organización para la Liberación de Palestina firmaron el primer acuerdo de Oslo, en el que se estableció un período de cinco años de autonomía palestina en Cisjordania y la Franja de Gaza bajo una nueva entidad denominada la Autoridad Palestina (AP).

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Los acuerdos provisionales crearon un mosaico desordenado en Cisjordania y la Franja de Gaza: en el Área A, la Autoridad Palestina recibió pleno control civil y de seguridad; en el Área B tenía poderes para asuntos civiles y algunos poderes de orden público, pero Israel retuvo el control último de la seguridad; y en el Área C Israel mantuvo el control total.

El acuerdo no resolvió el estatus final de Jerusalén y los asentamientos, por lo que estos tendrían que definirse más adelante. Durante la segunda intifada, que duró de 2000 a 2005, en la que palestinos usaron armas de fuego y bombas suicidas, Israel construyó una barrera de seguridad en Cisjordania y terminó por retirar a sus tropas y a los colonos de la Franja de Gaza. En Cisjordania se retiró de cuatro asentamientos.

Hoy en día, en Cisjordania viven casi tres millones de palestinos, así como más de 450.000 israelíes que viven en asentamientos (excluyendo Jerusalén Oriental), una cifra que casi se ha cuadriplicado desde que se firmaron los acuerdos de Oslo. Algunos colonos llevan ya dos generaciones viviendo en Cisjordania. Jerusalén está rodeada de asentamientos.

A los palestinos en Gaza les va considerablemente peor que a los que están en otros lugares. Desde 2007 la región ha estado controlada por Hamás, un grupo militante, y en el momento en que el grupo llegó al poder, Egipto e Israel reforzaron un bloqueo asfixiante sobre el territorio. Los militantes de Hamás e Israel han estado en guerra cinco veces. Los últimos combates han sido los más mortíferos hasta ahora.

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