El inicio de 2026 marca un punto de inflexión para la economía hondureña. Más allá de los indicadores macroeconómicos, el más reciente informe del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES-UNAH) revela una radiografía compleja: un país que lucha por la estabilidad en un entorno de alta precariedad laboral y una marcada desconfianza institucional.
El estudio, que abarcó una muestra de más de 10,000 hogares, subraya una nación fragmentada geográficamente. Mientras Islas de la Bahía exhibe un dinamismo comercial robusto, el corredor seco y la zona occidental permanecen atrapados en una crisis de seguridad alimentaria. Esta disparidad confirma que las soluciones económicas no pueden ser uniformes, sino que deben responder a las carencias territoriales específicas.
Espejismo del empleo y la supervivencia
En el ámbito laboral, los datos presentan una dualidad preocupante. Aunque la tasa de desempleo abierto se sitúa en un 6.14%, la calidad del trabajo es deficiente.
La mayoría de los hondureños se desempeña bajo contratos temporales, lo que anula la estabilidad financiera y emocional.
Según el informe, los ingresos actuales apenas igualan o quedan por debajo del costo de la canasta básica, reduciendo la capacidad de ahorro a niveles nulos y limitando el gasto casi exclusivamente a alimentos y servicios básicos.
Crisis de confianza institucional
Uno de los hallazgos más determinantes es el escepticismo ciudadano hacia los actores que deben liderar el cambio. Esta falta de fe no solo afecta el tejido social, sino que paraliza la inversión y el consumo.
Al respecto, Sergio Zepeda, director del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UNAH, enfatiza la gravedad de esta ruptura con el sistema político.
"Si analizamos la última institución, que son los partidos políticos, realmente las personas tenían en ese momento mucha desconfianza hacia los partidos que estaban entrando a elección popular", señaló Zepeda, vinculando esta percepción con la incertidumbre que permea en la economía familiar.
Si bien el INE reporta una leve reducción en la pobreza monetaria, la pobreza multidimensional -ligada a la falta de salud e infraestructura- sigue siendo la sombra dominante.
Honduras muestra signos de resiliencia, pero el reto para 2026 es transformar las estadísticas en bienestar tangible. La estabilidad del país no se medirá en informes, sino en la capacidad de devolver la seguridad alimentaria y la confianza a las familias hondureñas.
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