La Unidad Nacional Antisecuestros (UNAS) de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) informó en las últimas horas de la liberación de una menor que fingió estar secuestrada con el afán de extorsionar y amenazar a su propia familia con que le habían quitado los órganos.

Los parientes de la menor reportaron su desaparición ante las autoridades, por lo que de inmediato se conformó un equipo que inició con las investigaciones pertinentes para poderla localizar, llevándose una sorpresa.

Según el reporte, la desaparición de la menor de 17 años se reportó en Yamaranguila, Intibucá, al occidente de Honduras. Sin embargo, los agentes de la UNAS la localizaron en el caserío El Escarbadero, Lepaterique, Francisco Morazán.

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La joven no estaba secuestrada y tenía todos sus órganos en perfecto estado.

Las autoridades indicaron que la menor es originaria de Yamaranguila, es estudiante y además tiene una relación sentimental en unión libre.

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¿Cómo se dieron los hechos?

Según la reconstrucción de hechos, la menor salió de su casa en Yamaranguila, Intibucá, el pasado domingo 20 de abril con rumbo a su centro de estudios en La Esperanza. Sin embargo, por la tarde no regresó a la vivienda.

Horas más tarde, sus familiares recibieron mensajes provenientes del número de la víctima, en donde manifestaban que la habían secuestrado, asesinado y que además sus órganos se habían vendido.

Además, pidieron que bloquearan ese número y que no la buscaran, porque de lo contrario le harían daño a toda la familia.

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La menor ahora deberá responder ante la justicia.

Los mensajes citan textualmente: "Hola señora, buenas tardes, su hija fue secuestrada por no dar la dirección donde vivía toda la familia de ella. Ya está muerta, sus órganos fueron vendidos y le estoy escribiendo de este número porque ya lo desbloqueamos y es mejor que bloqueen este número porque es peligroso; vamos por ustedes. Ella ya es llevada a Tegucigalpa. Sus órganos fueron vendidos ya".

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La actuación policial

Tras la denuncia, los agentes de la UNAS la comenzaron a rastrear, y realizaron múltiples investigaciones en Intibucá, Tegucigalpa y Lepaterique, lo que permitió localizar a la menor sana, salva y con sus órganos en perfecto estado.

Según confirmó la autoridad, la muchacha se había venido desde Intibucá para hacer un hogar con su novio en el caserío El Escarbadero de Lepaterique.

La muchacha confirmó a los uniformados que ella misma había enviado los mensajes para que su familia no la buscara. Esto, porque por determinación personal había decidido vivir con su novio y abandonar sus estudios.

Debido a que hay suficientes elementos para determinar que esta menor planificó y fingió su secuestro, se le puede deducir la responsabilidad penal por la infracción de simulación de infracción inexistente.

A la menor, junto a su novio, un hombre de 21 años, se les remitirá a la fiscalía para el proceso de ley. Ante esta situación, las autoridades piden a los padres tener buena comunicación con sus hijos para evitar estas situaciones.

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La menor fingió estar secuestrada, que le habían sacado los órganos, y resulta que en realidad estaba con su novio.

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Sanción

En el Código Penal de Honduras, la simulación de una infracción inexistente —como fingir un secuestro— puede ser sancionada no solo con multa, sino también con penas de prisión. Esto, cuando el hecho provoca la movilización de autoridades, genera alarma pública o causa perjuicios económicos.

Dependiendo de la gravedad y de si se configura además como estafa, extorsión o denuncia falsa, la pena puede escalar a varios años de cárcel (generalmente entre 1 y 6 años o más). Lo anterior, especialmente si hubo intención de obtener dinero o se afectaron recursos del Estado.