A 12 días para los comicios generales, los hondureños estamos ante una cita histórica, con nuestro presente y futuro, y con el más sagrado ejercicio del poder del ciudadano: el voto. Y aunque, generalmente, hayamos subestimado el poder que cada uno tiene cuando marca una papeleta, hay algo bien claro. El voto no es un mero trámite. Es una responsabilidad que va a definir nuestro futuro, por lo que votar con conciencia es un supremo acto de compromiso, con nosotros mismos y con las próximas generaciones. ¡Que el voto vuelva a contar! Por donde lo miremos, y aunque los abstencionistas y desencantados con la democracia electoral digan lo contrario, el voto es y debe seguir siendo ese poder que se toma, y que los políticos y demagogos no nos lo otorgan. Es cierto que el electorado atraviesa tiempos y sentimientos de desgaste. Que la polarización, el clientelismo y el fracaso de los gobiernos en la solución de los problemas más ingentes, han debilitado la confianza de la ciudadanía en su clase política. OTRAS NOTICIAS: 'Hay vigilancia excesiva': Cossette alerta situación en recta final del proceso electoral Pero el voto soberano, ejercido de manera masiva, y sobre todo, consciente, responsable e informada, es lo que logra reafirmar la vocación democrática de un pueblo. Todavía somos muchos los que votamos por colores, por pura emotividad o por rechazo. No hemos podido dar ese salto hacia una ciudadanía más consciente. Seguimos atrapados, de alguna forma, por la emotividad que generan los colores que por la evaluación crítica de las propuestas y por la capacidad de los candidatos para ejecutarlas. Pero votar, a pesar de todo y contra todo, es esencia democrática pura. El voto es importante y determinante, y lo seguirá siendo en tanto no encontremos otro mecanismo que siquiera nos aproxime a un estado, digamos que aceptable, de democracia participativa e inclusiva. Y la democracia, como los procesos que contribuyen a consolidarla, es una condición que sólo se puede mantener si todo ciudadano la defiende. El 30 de noviembre iremos a elecciones, y aunque como lo dijo el presidente Obama, el papel del ciudadano en nuestras democracias no termina ni inicia con el voto, es el sufragio el más sagrado ejercicio del poder ciudadano. Aunque para muchos, el voto sólo sea un permeable instrumento de la democracia electorera, no hay argumentos para que los hondureños le cedamos ese poder a la abstención y a los abstencionistas. Sigamos conscientes de esa fuerza. La indiferencia es para aquellos que no tienen nada que perder y mucho menos, que ganar. No participar, no hacer uso de ese derecho, levantaría una especie de muro en el camino, bloqueando el poder que tiene el ciudadano, el único poder que por donde lo veamos, es indelegable y el más seguro transformador de cambios. La abstención, la renuncia a utilizar el voto como nuestra arma más potente, es capaz hasta de anularnos como individuos. Y si los políticos nos tienen desencantados, como en efecto nos tienen, el mismo voto nos concede ese instrumento para manifestar nuestra inconformidad. Apreciemos el valor del voto y la responsabilidad social que tenemos a través del sufragio. Que la apatía, la desinformación y la desconfianza en las instituciones que aún persisten, no siga desvalorizando el voto como nuestra sagrada y plena expresión de soberanía popular. LE PUEDE INTERESAR: Editorial HRN: Economía y finanzas en apuro y vagas propuestas políticas