Las instituciones electorales y sus funcionarios se encuentran bajo un ataque real, en tanto que los mandos superiores de las Fuerzas Armadas y del Ministerio Público están tachados de haber instrumentalizado sus atribuciones de defender la soberanía, garantizar la alternabilidad en el poder y ejercer la acción penal pública con rectitud.

No en vano es que los personeros de la Organización de Estados Americanos han expresado su preocupación por los acontecimientos en Honduras que afectan el proceso de elecciones, al tiempo que han demandado que se garantice la autonomía, la continuidad y el libre ejercicio de las instituciones que rectoran los comicios.

Tampoco es fortuito que altos funcionarios de la Secretaría de Estado de Estados Unidos reclamen a las autoridades competentes, incluidas las electorales y las militares, que respeten escrupulosamente la Constitución y las leyes.

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¿Un plan maquiavélico contra las elecciones?

Es muy sintomática, en ese orden de juicios, la advertencia categórica del gobierno del presidente Donald Trump de que responderá con rapidez y firmeza ante cualquier atentado en menoscabo de la integridad del proceso democrático en Honduras.

¿Se refieren estas advertencias a repeler la consolidación de una dictadura socialista que proclame la defensa del pueblo, pero que -en realidad- signifique pisotear la democracia?

Los hondureños debemos observar todos los escenarios que se presentan apenas dos semanas antes de que se lleven a cabo los comicios generales.

Porque -todo parece- es evidente que las piezas de una trama perversa comienzan a cuadrar y a alinearse, y a generar incertidumbre acerca de la viabilidad de la contienda electoral, quizás la más accidentada de cuantas se hayan realizado en nuestra Honduras.

Desde las acciones fiscales contra los magistrados del Tribunal de Justicia Electoral y las intrigas mayúsculas entre los consejeros del Consejo Nacional Electoral, hasta las injerencias de los jerarcas castrenses y el desfase del cronograma elaborado para gestionar los comicios, son componentes de un guion que pone en precario la democracia.

Los ciudadanos de este país debemos salir sin temor y con convicción democrática a ejercer el voto. El llamado es a salvar el proceso de consulta popular y a rescatar el Estado de derecho.

No podemos dar un paso al costado ni tomar una actitud indiferente ante el agitado contexto electoral, accidentado por las narrativas de la refundación y la criminalización de los grupos de poder; también afectado por los discursos que condenan el llamado “gobierno del familión”, la apología al socialismo y la destrucción de la independencia de los poderes del Estado.

Lo que es imperativo es la defensa del voto y la salvaguardia de la democracia, la libertad y la voluntad de las mayorías.

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