En una sociedad en la que hace un buen tiempo atrás se perdió la concepción del bien común, lo que menos le pediríamos y esperaríamos de los pocos buenos políticos que aún nos quedan, es que ayuden a este pobre y desajustado pueblo, a levantar y sostener los endebles y escasos escenarios de estabilidad y certidumbre que apenas se mantienen en pie.
Es urgente, para devolverle el sosiego y la paz a la familia hondureña, pero también, para que el país pueda volver a tener certidumbre y encontrar así el camino hacia la prosperidad social, económica, productiva.
Es lo único que puede garantizar la viabilidad de Honduras como una nación cohesionada, equitativa y sostenible.
Si ya no les fue posible unirse para construir las bases esenciales de la convivencia, ayúdennos políticos de mi patria, los pocos buenos políticos que aún nos quedan, a generar la certidumbre que necesita Honduras para encontrar el camino hacia su prosperidad social y el desarrollo económico.
Los hondureños que reclaman estabilidad, bienestar, crecimiento, salud universal, educación de calidad, eficiencia y ética gubernamental, se lo piden.
Relacionado: Editorial HRN: Indefensión y seguridad social
En su exposición ante los candidatos presidenciales de cuatro de los cinco partidos políticos que participarán en las elecciones generales, el sector privado organizado insistió en la necesidad de transitar entre la incertidumbre política y la certidumbre productiva para sacar a ese 62 por ciento de la población hondureña de la pobreza.
Cada momento político electoral como el que ahora tenemos, genera un sinfín de riesgos a la estabilidad del sistema productivo, por ejemplo.
Y los hondureños hemos pagado con creces las consecuencias. Más de mil empresas que cierran al año, 40 mil plazas de trabajo que se pierden, 144 mil jóvenes, entre 15 y 29 años, desempleados, una tasa de desempleo que afecta a más de 210 mil compatriotas.
La certidumbre política es fundamental para tener un clima de negocios que es lo que atrae las inversiones privadas, nacionales y extranjeras, que son las que generan la mayoría de empleos y los impuestos a través de los cuales se financia el presupuesto general y se le paga a la burocracia estatal.
Es ese positivo clima de negocios lo que permite la apertura de nuevas plazas laborales y el sostenimiento de las existentes, lo que mejora los ingresos de miles de hondureños. Eso es lo que el Cohep advertía ayer en su encuentro con los candidatos presidenciales. El clima político no puede seguir siendo nada más generador de incertidumbre, de miedo.
De su interés: Editorial HRN: Desamparo social, pobreza y adultos mayores
Sino miren en lo que ha desembocado esto. Un panorama de incertidumbre, política, jurídica y económica, que ha frenado la recuperación productiva, que ha alejado la inversión, que ha postergado el crecimiento económico.
Por eso es que hacer negocios en Honduras es un riesgo para el que busca la mayor certidumbre posible para traer su dinero en un país o en un negocio en particular, sin verse obligado a pagar coimas o sobornos.
El inversionista, el emprendedor, siempre va a necesitar predictibilidad, seguridad jurídica, certidumbre y condiciones de estabilidad.
Y es a la institucionalidad de turno que le corresponde transmitir esas certezas y las garantías que promuevan la inversión y el crecimiento económico.
Después, reducir la tramitología, destrabar la burocracia enquistada y dejar a un lado el clima hostil que a través del discurso anti empresarial propagan, serán las otras claves para que el país se enrumbe por fin, por la senda del desarrollo y bienestar común.
Se trata de tener claro que cada movimiento político tiene consecuencias económicas y sociales. Es tiempo de devolverle al pueblo hondureño, la certidumbre para que encuentre el camino hacia la prosperidad, la equidad y su bienestar integral.
Siga leyendo: Editorial HRN: Plantatón, una iniciativa responsable y una esperanza para recuperar nuestros bosques

