Primero, fueron las grandes empresas que encontraron dificultades en adquirir los dólares necesarios para la importación de los insumos para sus actividades comerciales.
Luego, esta complejidad no solo la enfrentaron las empresas, sino también las personas naturales. En años anteriores, adquirir dólares era tan sencillo como hacer una transferencia en línea desde una cuenta propia en lempiras a una cuenta propia en dólares.
Ahora, debemos ir temprano por la mañana a los bancos para conseguirlos. Sumado a esto, las autoridades han agregado una serie de nuevos requisitos al momento de adquirir dólares, lo que vuelve mucho más burocrático y complejo el proceso.
No obstante, hay dos elementos que han generado esta situación. La primera es la decisión de las autoridades del Banco Central de Honduras de no seguir la tendencia del Banco Federal de Estados Unidos y no aumentar la Tasa de Política Monetaria, cuando el resto de los países de Centroamérica así lo hicieron.
Adicionalmente, la tasa de cambio del lempira frente al dólar se ha mantenido sin cambios significativos, con una devaluación de apenas un 0.50% según datos de la Secretaría de Finanzas.
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Lo anterior causó, en términos sencillos, que fuera más barato adquirir dólares en Honduras que en Guatemala, por ejemplo.
Por lo que se da un fenómeno natural en economía denominado “Arbitraje” en el cual, se compran dólares en Honduras en donde se encuentran “baratos” y se depositan en cuentas bancarias de otros países en donde hay mayores tasas de interés, como Estados Unidos.
Como mencionaba en una columna anterior, haciendo una analogía simplista, si en Puerto Cortes los cocos se adquieren a 10 lempiras, pero en San Pedro Sula los pagan a 50 lempiras, la acción lógica y racional es adquirir los cocos en Puerto Cortes y llevarlos a vender a San Pedro Sula. Esto causaría una escasez de cocos en Puerto Cortes ya que hay otros mercados en donde se paga a mayor valor.
Siempre ha sido tentador para los gobiernos que ante este tipo de situaciones impongan controles rigurosos a la distribución de dólares.
Argentina y Venezuela lo implementaron por muchos años lo que generó el surgimiento de mercados negros de dólares. Sin embargo, hay un elemento clave e indispensable en estas conversaciones tan técnicas.
¿A quién pertenecen las divisas que genera la economía hondureña, al Estado o a la población? Es muy fácil querer imponer controles desde un escritorio en una oficina gubernamental, pero no debemos olvidar que los dueños de esos casi 9 mil millones de dólares de remesas son los hondureños y hondureñas que viven en el extranjero que las generaron en primer lugar.
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Fue con el sudor de su frente que trabajaron y generaron esas divisas, y fue decisión de nuestros compatriotas que esos dólares se los envían a sus familiares en Honduras.
Por otro lado, ¿a quién le pertenecen los miles de millones de dólares generados por las exportaciones de banano, café, chocolate y otros bienes, al Estado o a los productores nacionales? ¿tiene derecho el Estado a imponerle al productor agrícola cuando y como puede adquirir dólares para la compra del fertilizante que debe importar desde el extranjero?
Soy fiel creyente de que el derecho y la decisión sobre el manejo de los dólares deben recaer en quienes los generaron en primer lugar, es decir, la población hondureña.
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