Cerramos la semana en la que el tema bandera de esta casa de radio ha sido un asunto que no solamente es un indicador clave de desarrollo social, sino además un reflejo de la equidad y la inclusión en la distribución, en justicia, de las oportunidades educativas que todos los niños y jóvenes de Honduras deben tener.

El acceso universal a la educación no solo es un derecho humano, sino un pilar fundamental para el desarrollo sostenible de una sociedad.

Y no es “llorar sobre la leche derramada”, pero si el Estado de Honduras y sus gobiernos de turno hubiesen apostado por sentar las bases de ese pilar determinante de desarrollo, que le hubiese garantizado a todos los niños y jóvenes el acceso a las aulas de clases y, más aún, a una educación de calidad, ¿cuántas cosas no hubiesen cambiado en el país?

La igualdad de oportunidades, la promoción integral del estudiante independientemente de sus condiciones y habilidades, la reducción de los indicadores de pobreza y el fomento de un crecimiento económico sostenible.

Es que es la cobertura educativa la que garantiza que todos los niños y niñas tengan las mismas oportunidades de desarrollo personal y profesional; es lo que fortalece las sociedades en general. Por eso somos parte de una de las regiones con las mayores desigualdades socioeconómicas del mundo.

Pero la cuestión es cómo se enfrentarán de aquí en adelante los grandes desafíos que tenemos: ampliar la cobertura educativa, bajar los indicadores de deserción escolar y retener a los estudiantes en las aulas; atraer y promover a docentes comprometidos con su labor, interviniendo las carencias en la innovación en la docencia; y propiciar mediante ello una educación de calidad desde una perspectiva humana centrada en el alumno.

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Quedarnos atrás, como ya lo estamos, en logros educativos, es algo que como sociedad tenemos que reprender.

La vulnerabilidad y el estado de indefensión en el que están no solo ese millón y medio de niños y jóvenes alejados o retirados de las aulas, sino la juventud del país en general, nos obliga a reaccionar y ya.

Es ahora o nunca que Honduras y su institucionalidad tienen que comenzar a sentar las bases de un plan de país multidimensional que le permita a esa cantidad monumental de hondureños sin oportunidades el acceso a la educación de calidad; que les aseguremos el ingreso oportuno a las aulas, su permanencia y conclusión de todos los niveles para alcanzar la urgente cobertura educativa universal.

A la par, es inaplazable impulsar un plan de profesionalización y la mejora de las condiciones del personal docente.

Diseñar las modalidades educativas, las herramientas prácticas y tecnológicas para desarrollar las habilidades pedagógicas de los profesores.

Definir lo que se va a hacer con la formación docente y cómo se tendrán que reestructurar los procesos involucrados en su planeación, diseño e implementación es la otra gran tarea por resolver.

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Pero lo que sí debemos tener claro es que sin la voluntad política para operativizar las estrategias públicas, nunca podremos sentar las bases para avanzar hacia la calidad de la educación y en el aprendizaje del estudiante.

No podemos seguir siendo inconscientes, indolentes o indiferentes frente a la descomunal inequidad que le sigue cerrando el paso a nuestros niños, adolescentes y jóvenes a una educación de calidad y pertinencia.