Sólo los ciegos a la realidad y a la verdad reaccionan, de la forma que lo hicieron, ante el mensaje del Cardenal Oscar Andrés Rodríguez en la homilía dominical. Y quienes se niegan a ver esta realidad, en la que cada 36 horas es asesinada una mujer, o en la que cada día mueren víctimas de la violencia, un promedio de 6 personas, no hacen más que contribuir a perpetuarla.
Por eso dicen que la ceguera política, aunada a un alto grado de estupidez y a un no menor nivel de borrachera de poder, es capaz de socavar la democracia misma y cooptar la aspiración que todos tenemos a vivir en Honduras bajo el mismo estándar de bienestar.
Entre enero y mayo del año en curso, más de 200 niños, niñas y adolescentes fueron asesinados en Honduras, pero cuando la ceguera política e ideológica, que es mucho peor que la biológica, llega al máximo nivel, incurre en un ejercicio indecente de insulto a la inteligencia de un pueblo.
¿Cómo es que vamos a estar bien si al promediar el primer semestre del año ya se habían perpetrado más de 20 masacres u homicidios múltiples con más de 70 hondureños asesinados? ¿Cómo es que "vamos bien" teniendo la tasa de feminicidios más alta de Centroamérica y la segunda más alta a nivel continental? ¿Cómo es que con al menos 2 docenas de niños y adolescentes desaparecidos, supuestamente por acciones del crimen organizado, van a alardear de que el país está mejor?
¿Cómo es que indecentemente 'machacan y machacan', los que se declaran adalides de la 'antimachaca', con ese grotesco "vamos bien", mientras Honduras se desangra en una irracional vorágine de violencia, que empeora en la medida que el país parece irremediablemente despeñarse en el abismo del 'nada esperar ya'.
Un estudio reciente revelaba que el 89.9 por ciento de los ciudadanos consideran a su propio país como muy inseguro. No es por nada que el año pasado 80 mil compatriotas hayan buscado refugio a través de una solicitud de asilo político en países de Norte y Centroamérica, huyendo precisamente de la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades. ¿Es este el país del "vamos bien"?
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En el último año, más de 80 mil personas, jóvenes en su mayoría, perdieron su trabajo, mientras casi el 70 por ciento de los empleos formales cayeron en la informalidad. Al primer semestre del 2025, casi el 50 por ciento de la población económicamente activa siguió teniendo serios problemas laborales.
¿Vamos bien con este brutal empeoramiento de las condiciones de vida del pueblo hondureño? ¿Por qué van a reaccionar, de la forma virulenta y depredadora que lo hicieron, cuando el Cardenal solo les ha recordado una deprimente realidad y una inapelable verdad: que en los hospitales y centros de salud no hay medicinas y que Honduras cuenta con tres veces menos médicos que el promedio regional de 15.1 por cada 10 mil habitantes?
¿Vamos bien mientras unos dos millones 600 mil hogares apenas subsisten con un ingreso per cápita diario igual o menor a un dólar americano? El 60.9 por ciento de hogares, prácticamente en la indigencia, por culpa, precisamente, de la incertidumbre y desesperanza, generada por la ceguera y mezquindad de nuestra clase política y de la institucionalidad de turno.
No querer ver esta realidad sólo agrava la tragedia que envuelve a la sociedad hondureña y que, además, socava la confianza de la gente en la clase política ciega y mezquina.
En una sociedad en la que hace un buen tiempo atrás se perdió la concepción del bien común, la solidaridad y la humanidad en las castas gobernantes, lo que menos le pediríamos y esperaríamos de los pocos buenos políticos que aún nos quedan, es que ayuden a este pobre y desajustado pueblo, a levantar y sostener los endebles y escasos escenarios de estabilidad y certidumbre que apenas se mantienen en pie.
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