Las constantes interrupciones de energía eléctrica y sus implicaciones han sido desestimadas por los sectores que tienen competencia en este rubro.
Tanto los funcionarios de la ENEE como los diputados que conocen la propuesta de reforma al sector energético han dejado que la crisis avance y que el desastre financiero de la empresa carcoma la economía del país
En nada abona el discurso del Gobierno, afincado en que la ENEE está desangrando las finanzas del país, si no hay acciones concretas; tampoco sirve de algo que los congresistas mantengan su narrativa de socialización de las reformas al sector energético si -en el fondo- hay una lucha de intereses y de negocios millonarios de los grupos que han monopolizado la generación, transmisión y distribución de potencia.
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Caída de la economía
¿No es contradictorio? La economía del país se desploma, en tanto que los empresarios y los industriales reclaman una intervención pronta de las autoridades, porque no solamente es que la ENEE es un fracaso completo y una desgracia para los objetivos de competitividad y de desarrollo.
Debido a las fallas en el abastecimiento del fluido eléctrico, las PYMES cargan con pérdidas de alrededor de 1,200 millones de lempiras anuales.
Un dato estremecedor es el que refiere que, en el primer semestre de este año, no menos de tres mil pequeños y medianos emprendimientos han desaparecido por el suministro irregular del fluido eléctrico.
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Dificultades de las pequeñas empresas
Las pequeñas y medianas empresas han hecho públicas las dificultades que sobrellevan para mantener sus operaciones y su volumen de producción a causa de los “apagones” que se prolongan por varias horas.
Quienes dirigen los destinos de la estatal eléctrica han mostrado una actitud “impasible” ante los embates que sufre la economía nacional como resultado de las fallas del sistema de transmisión y distribución. ¿No deberían los funcionarios y los diputados de salir de su letargo y tomar medidas decisivas y radicales.
Servicio sin eficiencia
El servicio de la ENEE no es prestado con eficiencia. Es apremiante que se pongan en marcha acciones que eviten que el aparato económico y productivo sea colocado “en jaque”, tal como ocurrió en el período entre 2015 y 2020, cuando la generación de bienes y servicios se redujo hasta en 50 por ciento por la crisis energética.
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Lo cierto es que las finanzas de la ENEE siguen hundidas, su rescate requiere de una inversión no menor a los 2,000 millones de dólares, sus pérdidas sobreasan el 38 por ciento y las líneas de la generación, transformación, transmisión y distribución, están muy lejos de garantizar condiciones de competitividad y de soberanía energética para Honduras.
