Un derecho elemental e irrenunciable es el acceso a los servicios de salud equitativos, con dignidad y de calidad.

Y si hay un principio esencial que es vulnerado, éste es la atención a los pacientes. El conflicto entre los médicos y el Gobierno ha condenado a la población que asiste a los hospitales públicos y al Seguro Social a esperar a que se haga la luz.

No se prevé que haya una solución al problema en el inmediato. Mientras los doctores arguyen que el Gobierno ha incumplido todos los compromisos asumidos y que sus esfuerzos han sido encaminados a desacreditar su movimiento de reivindicación, las autoridades de Salud han acusado que el gremio de los facultativos tiene secuestrado el aparato sanitario estatal.

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Como siempre sucede, las principales víctimas de la crisis en el aparato sanitario son los hondureños, que en una relación de seis de cada 10, no pueden financiar una consulta con un médico o un tratamiento en un hospital privado.

Una realidad incontrastable es que, si no se hace prevalecer una voluntad sincera de las autoridades del país para reivindicar el derecho a la salud, la crisis no será resuelta nunca.

Honduras necesita llegar a consensos alrededor de una política pública y de un pacto por la salud. Sin mayor demora y sin más pretextos, el país tiene que emigrar hacia un modelo asistencial que No esté contaminado por los políticos ni por los intereses gremiales.

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Es hora de retomar la cruzada en defensa de la salud pública y de terminar con todas las pestes crónicas que han carcomido el aparato sanitario.

Los hondureños más necesitados no tienen esperanza de ser sujetos de una atención humanitaria y solidaria. La precariedad es de tal dimensión que nuestros semejantes prefieren morir en el abandono; sencillamente no hay más salida; nuestro aparato asistencial está en agonía desde hace mucho tiempo.

Los hondureños están condenados a muerte mientras el sistema de salud no sea transformado sobre la base de la justicia, la equidad y el humanitarismo.

Por encima de todo, deben ser privilegiadas las demandas de los pobres que llegan a busca de una atención a los hospitales y centros de salud públicos.

Estamos del lado de las víctimas de la crisis en el sector salud. Sus vidas nunca deberían estar en riesgo a causa de la ineficiencia del aparato sanitario hondureño, convertido hoy día en un desastre, en un cadáver.

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¡Que se haga la justicia para los hondureños disminuidos por las enfermedades y lacerados por quienes nunca han estado interesados en mejorar los servicios de salud del Estado!